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lunes 29 junio, 2009 a las 12:18 pm

Todo por amor

Por Wilman Solís
Pastor Iglesia Casa de Oración Antioquía

Un pequeño niño a quien vamos a llamar Juanito, dejando volar su imaginación, comenzó a construir un pequeño barco el cual llegó a convertirse en su juguete preferido; lo guardaba en un lugar muy especial y en sus tiempos libres, después de hacer sus tareas, se deleitaba observando su creación en el lago que estaba a unos cuantos metros de su casa.
Un día, como era su costumbre, llevó el pequeño barco hasta la orilla del lago, pero esta vez las olas soplaban tan fuerte que el barco se alejó llevado por el viento, sin que el niño pudiera hacer nada. Vio cómo a lo lejos las olas se encargaban de hundir lo que con tanto amor había construido. Con mucho dolor en su corazón Juanito regresó a su casa, pues había perdidoso que consideraba de más valor en su vida.
Pasados algunos días, mientras Juanito visitaba con su padre una tienda de juguetes, observó algo que atrajo su atención, allí estaba el pequeño barco que un día había perdido, ahora estaba en una vitrina, pues lo habían puesto en venta.
Muy emocionado dijo al tendero: ¡Señor, ese barco es mío, yo lo construí!
El tendero respondió: Mi querido niño, no hay nada que pueda hacer por usted, ya que lo compré a unos pescadores por un alto precio.
Juanito regresó a su casa de inmediato. Se acordó que tenía unas cuantas monedas en su alcancía y corrió a destaparla. Al ver que no le alcanzaba el dinero para adquirir nuevamente su barco decidió poner en venta todos sus juguetes y con lo recogido fue hasta la tienda de juguetes y compró lo que tanto amaba, pues era obra de sus manos.
Así, un día, Dios soñó hacer con el hombre; hizo la creación y en ella un huerto muy hermoso y luego con sus manos formó al hombre y lo ubicó en el huerto que había hecho para él. Le dio muchos privilegios, pero también responsabilidades. Dios demandaba de su creación obediencia. Pasado el tiempo Dios fue en busca del ser que había creado, pero éste le había fallado. Con mucho dolor, al igual que el pequeño barco, Dios vio como su hermoso diseño entraba en un mundo de turbulencias donde se perdería para siempre. Fue entonces cuando por causa de ese amor que le tenía a su creación se despojó de lo que más amaba, su único Hijo y lo envió para que muriera en la cruz y así rescatar al hombre de la muerte y condenación eterna.

“Porque de tal manera Dios nos amó que dio a su único hijo para que todo aquel que cree en él no se pierda sino que tenga vida eterna”.

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