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Jueves, 1 de octubre de 2026
viernes 24 mayo, 2013 a las 3:31 pm

Tocando fondo

NIcolas Maduro
Gloria Cepeda Vargas
Gloria Cepeda Vargas

El mundo está enterado del estado crítico de Venezuela, pero quien únicamente lo avizora, está frente a una página desconocida.

El análisis mediático es siempre una exploración a medias. Ahí solo tienen cabida las relaciones internacionales en primera instancia y en segundo lugar la situación económica y política del pueblo. Esto mirado a vuelo de pájaro y de acuerdo a la orilla en la que el analista respire. El meollo del asunto, las pequeñas e importantísimas circunstancias cotidianas que por costumbre o desconocimiento no figuran en páginas de opinión ni en entrevistas realizadas a personajes de postín, conforman un balance aséptico y por lo tanto inhumano.

Desde que el mundo es mundo, la visión social, económica y política de la sociedad, es unilateral. Solo los asuntos que hacen bulto dictan la norma. Son registrables el volumen de exportación, el tejemaneje partidista, las inanes y pomposas cumbres internacionales y hasta los pectorales de alguna miss. Pero lo que va hueso adentro, esa sarta de cotidianas limitaciones producidas –al menos en el caso de Venezuela- por la ignorancia y megalomanía de los habitantes de Miraflores en la época pre, durante y post Chávez, hoy vertidas sobre la impotencia y sacrificio de un pueblo donde he visto al ama de casa resguardar bajo bolsas negras los dos rollos de papel sanitario recién adquiridos ante el temor de que se los arrebaten, morir a los enfermos sin recursos tirados como bultos en un camastro miserable, husmear en supermercados y tiendas de barrio buscando una pastilla de jabón o un tubo de pasta dental a más de otras carencias que parecen pertenecer a un territorio arrasado por la guerra en un país que percibe ingresos multimillonarios, hay que sudarlo, pelearlo a puño limpio, masticarlo y hasta intentar digerirlo para llegar al fondo.

A Venezuela le pasó lo peor que puede suceder a un país de este siglo: perdió ese barniz político que bien o mal administrado, rige la vida comunitaria y arma al dirigente para enfrentar las batallas y componendas inevitables en un mundo globalizado. En catorce años de jolgorio, Hugo Chávez y su combo destruyeron el tejido civilista que costó elaborar en un país de caudillajes y militarismos inveterados. ¿Democracia imperfecta? ¿Pueblo olvidado, despilfarro y necedad crecientes? De acuerdo, pero lo que hay ahora es una jauría de perros rabiosos ante a la presa indefensa.