TESTIMONIO DE AMOR A BOLÍVAR Y SANTANDER


Quien esto escribe, quilichagueño por adopción, con 44 años como testigo fiel de sus progresos y avances, de sus fortalezas, al igual que sus dificultades y debilidades, viéndola crecer paso a paso, poco a poco, lontano lontano, como dicen los italianos, convirtiéndose de gran pueblo nortecaucano a una ciudad en gestación, al igual que lo hace una gentil y graciosa crisálida para convertirse en mariposa grácil y muy vistosa, declaro con mucho orgullo a los cuatro vientos mi amor por esta tierra admirable, de personas amables y emprendedoras, con mucha energía y vitalidad, “echada para adelante”, como se dice en el lenguaje común, con ese imán geográfico prodigioso que es el valle geográfico del Río Cauca, su gran aliado y vecino natural y con esa posición estratégica que lo convierte en punto de entrada al gran norte del Cauca y de envidiable ciudad donde interactúan las tres etnias, en una simbiosis humana, muy interesante y llamativa.

Como ya le declaré mi amor a mi ciudad de Santander de Quilichao, por haberme dado la oportunidad de recibirme en mi calidad de adoptado, situación que agradezco con todo mi corazón, sería muy ingrato si no les cuento el lugar donde tuve el honor de nacer (esto con el fin que no hayan celos naturales entre las dos ciudades por mi grandísima culpa), donde Dios me envió al mundo, donde mis padres, gracias a Dios, me trajeron “a servir y no ser servido”, como dice la Biblia. Pues bien, nací en Bolívar (Cauca), al sur del departamento, “un pequeño reino mágico/ y encantado/ escondido entre bellas y magníficas montañas/ como inmensos castillos de esmeraldas/ únicos en el mundo”…/, según el poeta bolsiverde (así nos llaman con cariño a los de Bolívar) Javier Enrique Dorado. Observen ustedes, amables y pacientes lectores, los dos regalos de la vida, de los cuales me siento muy ufano, gracias a Dios y sus designios: nací y me crie al sur del departamento, en un pueblo con el nombre de “El Libertador” (a propósito, según la historia, fue el primer poblado que en Colombia recibió ese nombre), y me realicé y formé como profesor, Licenciado, poeta, periodista y escritor, al norte del departamento, en Santander de Quilichao.

Según la historia, ya sabemos que Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, fueron los fundadores de nuestra actual república. Para ambas ciudades caucanas, es un privilegio, en mi concepto personal, llevar esos dos nombres, en recuerdo histórico de los mismos. De la misma manera en que Santander de Quilichao, al norte se ha convertido en polo de desarrollo para esta región importante y vital, Bolívar, al sur, también se ha convertido en otro polo de desarrollo y progreso (ahora con carretera pavimentada), que aglutina a esa región del departamento, y así como Santander de Quilichao tiene su propio imán natural, ya comentado antes, Bolívar, también tiene el propio, representado en ser la entrada al gran Macizo Colombiano (también llamado Nudo de Almaguer o Estrella Fluvial Colombiana, región caucana muy rica en diversos recursos, especialmente los hídricos, donde nacen cuatro ríos importantes de Colombia: el río Cauca, el río Magdalena, el río Patía y el río Caquetá.
Por todo lo anterior, quiero decir con admiración y orgullo, que me siento muy feliz, por TENER DOS NOVIAS, Bolívar y Santander de Quilichao y un gran suegro, el Cauca.
¡Ay qué orgulloso me siento de ser caucano! ¡Viva el Cauca!, ¡carajo!



