Terremoto en Colombia


El lunes 10 de agosto cuando apenas habían transcurrido pocas horas desde la posesión de nuestro presidente Abelardo de la Espriella, Colombia es estremecida con una violenta sacudida de 7,4 grados de intensidad que duró más de un minuto y que tuvo como epicentro a San José del Palmar, Chocó. Este terremoto nos recordó otro, el ocurrido en nuestra tierra el 31 de marzo de 1983, con todas sus secuelas, muertes, destrucciones que dejó a su paso en solo 18 segundos de terror. Ahora volvemos a estar muy tristes y totalmente solidarios con las familias de las víctimas, de los fallecidos, de los desaparecidos, de los afectados de diversas maneras, los heridos, los que perdieron sus bienes materiales y con todos aquellos cuyo dolor profundo impacta los espíritus y conmueve las almas. Ante tantos casos ocurridos en este sismo trágico, me han impresionado algunos, como el de la familia Saavedra Caicedo. El corazón se rompe en pedazos al saber que los padres murieron abrazados y que dos hermanas también fallecieron y solo se salvó una de las trillizas, Ana María, que se encuentra recuperándose en un centro de salud de Cali. Otro hecho desgarrador es el del joven que se iba a casar el fin de semana y viajó a Pereira a un negocio y halló la muerte en un hotel de esa ciudad. Ver y escuchar a su padre con una pala en la mano participando en el rescate de su hijo con la ilusión de encontrarlo con vida y enviándole mensajes de resistencia: “Hijo un poco más, que ya te vamos a rescatar” y escuchar a su prometida jurarle amor eterno y prometer recordarlo para siempre, produce la más profunda tristeza. Pero hay otra historia que hace brotar las lágrimas, pero de emoción y alegría, un bebé rescatado, lleno de polvo y dormido, que nunca sabría que pasó, sino le cuentan y le muestran cuando crezca, las películas, grabaciones y registros de los medios de comunicación y logre valorar ese inmenso regalo de la vida. Es que la vida es el mejor de los milagros, es la mayor bendición, una ilusión maravillosa y una bella realidad. Cómo no agradecer a Dios que conservamos la vida, que tenemos la oportunidad de continuar, cómo no aprender que el odio nada deja, que la vida es corta y debe aprovecharse con amor y con perdón.
Quiero resaltar la forma oportuna y firme como ha respondido el nuevo gobierno ante esta tragedia. Hay críticas de desadaptados ideológicos, de resentidos sociales, de radicales perdidos en su sectarismo, de gentes confundidas por el solidario trabajo de los demás, de envidiosos graduados de consejeros, de impostores tergiversando la verdad, y lo peor, de mercaderes en busca de fama o elogios conseguidos a través de engaños y mentiras. Dejemos avanzar y cuando haya que hacer críticas que sean constructivas, para mejorar y no para destruir. El gobierno ha actuado a toda velocidad, pero con prudencia y rectitud. El presidente, sus ministros y la primera dama, han visitado las regiones más críticas, ya hay un conocimiento directo de cada situación regional y local. Está listo el decreto de emergencia. Ya hay diseñado un proceso de reconstrucción con todas sus fases hasta la ejecución y control. También se anunció el Fondo Milagro para canalizar ayudas nacionales e internacionales. Los rescates continúan bajo unas reglamentaciones técnicas de alto valor, se han anunciado ayudas iniciales como la de Estados Unidos con dineros, equipos certificados en rescates e instrumentos tecnológicos. Europa, países de América, organismos multilaterales, Iglesias, también anuncian contribuciones y en Colombia en la Asamblea de la ANDI aportan 202 mil millones de pesos y el grupo Santo Domingo dona 100 mil millones. Se están uniendo corazones, se está colaborando sin distingos políticos, la única bandera es la Patria y sus habitantes, el objetivo es rescatar, asistir y llevar alivio a todos los afectados y reparar y reconstruir lo material. Saldremos adelante y nuestra Patria se levantará y mostrará otra vez su mejor cara con esfuerzo, valor, honor y dignidad.
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