TEATRO NEGRO


TEATRO NEGRO

He ido allá, y aquí por segunda vez, a la presentación del elenco checo en la obra Teatro Negro de Praga, esta vez en el lujoso Teatro Municipal de Cali.
La presentación es muda. Solo gestos, gesticulación, movimiento en espacios no convencionales. No ocurren en hogares familiares, oficinas ni en salas de casa ni fábricas. Los personajes son humanos pero sus acciones están insertas en situaciones mágicas, extrañas, entre eventos sucedidos de modo casi fortuito.
La presentación tuvo dos actos, el primero de una hora y el segundo más corto, después de un receso amplio para adecuar el escenario a las nuevas acciones del segundo «acto».
Este elenco de unos cinco actores o sus creadores presentaron una obra que no encaja en los parámetros tradicionales a que el espectador estaba acostumbrado desde Grecia y Roma.
En efecto, Tespis, Esquilo, Sófocles y Eurípides hubieran visto cómo sus libretos y proscenios, sus acciones humanas, el lenguaje y los contenidos que sucedieron en esta obra se distancian por completo de aquellos parámetros hasta ahora intocables y vivos.
Ya no es el lenguaje hablado, ya no son los dramas vitales y líricos de la dificultad del ser humano para superar y entender los designios de los dioses en el mundo. No hay una secuencia existencial, no es el drama ni la comedia con sus argumentos, secuencias y finales contundentes.
Los grandes temas del hombre: su existencia y la razón de estar en el mundo, el porqué de las acciones, por qué el nacer y el morir. No aparecen los personajes definidos, representados con vestuario, coturno o estatura, edad, ambientación suntuosa y precisa. Y, sobre todo, el uso del lenguaje humano llevado a una perfección idiomática y filosófica.
No. En esta muestra hay revisión «total» de los conceptos utilizados en el teatro occidental. Todo está alterado. No hay protagonistas ni se emplea el lenguaje humano. Apenas si hay movimiento y es artificial en ambientes casuales, prefabricados. El tema es banal, no discursivo, profundo. No hay drama, ni comedia. Solo entretenimiento.
Hubo dos actos. El segundo no tenía relación de continuidad con el primero. Eran independientes en contenidos. Los personajes eran blancos y verdes o acartonados, delgados u obloides y objetos y movimientos veloces y lineales. Parecían personajes que salían «deus ex máquina», por acción de movimientos y sonidos rápidos, fuertes y contundentes. Más importante el movimiento que la acción humana. El humano está al frente, observando. Él rehace «su» libreto.
Queda la sensación que se fue fraguando a lo largo de la presentación. Por qué el nombre de «teatro «negro»». No había un argumento que hiciera pensar, ni había colores que lo hicieran negro, como el humor. En varios momentos los niños que asistieron se rieron. Tal vez se podría sinterizar su género tildándolo de banal y «para niños».
Al final, eso sí, salieron los personajes, como en toda presentación colegial o grandiosa, y cada uno se presentó para los correspondientes aplausos. No muy esloveno el gesto sino muy humano.
15-09-18 8:27 a.m.
************************
Otras publicaciones de este autor en: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/



