TARKOVSKY, STALKER (1979)


Es indudable la maestría del cineasta ruso Andrei Tarkovsky para atrapar la atención desde el primer instante en este filme, producción de 1979.
Profundos tonos sepias introducen la espera; se siente un clima absorbente, inhóspito en esa región, y el enigma se insinúa como lugar plástico de exploración en todo ámbito.
«La zona» es sin duda un lugar extraño; todo está previsto allí para que la vigilancia no permita entrometidos; y parece un lugar donde la guerra no hubiera muerto todavía.
Con excelente, insuperable fotografía, esta extraña aventura de suspenso motiva una espera de sorpresas; y a veces las solas fisonomías en primer plano dan total significado a la pantalla. Un tránsito abrupto de los sepias al color en determinado momento de la película es como un cambio de tono de menor a mayor en música, pero la intriga se sostiene, la realidad extraña se afirma en su crudeza.
«Las flores florecen pero no huelen». Hay diálogos pero interactúan con el silencio; hay misterio pero todo es infructuoso; el filme es lento pero eficaz en su propuesta; su dominio como intriga es norma hasta el final. Pero quién sabe, «allí todo cambia cada minuto». Y hay tomas verdaderamente surrealistas, los ambientes ominosos son un escenario persistente; los restos de un mundo han quedado allí como testimonios en busca de sentido, paisajes donde el deterioro y la erosión son un grito lacerante.
RVQ
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