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Jueves, 1 de octubre de 2026

TAREAS INCONCLUSAS

Tareas inconclusas
Tareas inconclusas
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Por Jaime Cárdenas / El presidente de la república Gustavo Petro el 17 de septiembre pasado dijo ante un consejo de ministros: “Una mujer libre hace lo que se le dé la gana con su clítoris y con su cerebro, y si sabe acompasarlo, será una gran mujer”.

Por esta afirmación, una ciudadana haciendo uso de la acción constitucional de tutela, pidió la protección de sus derechos fundamentales. El juez 66 administrativo de Bogotá que conoce de esta acción ha sentenciado que se ha incurrido en una vulneración a derechos concretos de la mujer: “La expresión reproduce estereotipos de género de tipo sexista y patriarcal que afectan directamente la integridad moral, la dignidad, la igualdad y el libre desarrollo de la personalidad de las mujeres”.

Decidió por lo tanto amparar estos derechos fundamentales y a su vez conceder un término de cinco días para que Gustavo Petro rectifique ese pronunciamiento.

Se desconoce cuál va a ser la posición que asumirá el presidente Petro, teniéndose de presente que estamos frente a una decisión que es de obligatorio cumplimiento. Con posterioridad a la manifestación referida y ante algunas observaciones críticas que se hicieran y que aluden a que se trata de palabras ofensivas en contra de la dignidad de la mujer, el presidente hizo una extensa reafirmación de su declaración en la que muestra que su propósito es justamente defender la libertad de la mujer, en este caso sexual, haciendo referencia a posiciones históricas que la discriminaban en esta materia, particularmente lo sucedido en la Edad Media, a la necesidad de desplegar un lenguaje que supere los tabús y de contar con una educación sexual .

Así como es necesario que haya una pedagogía sobre los alcances de la tutela, se impone que haya parámetros jurisprudenciales y legales aplicables estrictamente a los fallos de los jueces en sede de tutela, de manera que decisiones como la del juez de marras no tengan cabida. No se encuentra en las expresiones transcritas ofensas de ninguna clase, por el contrario, sin mayor hermenéutica se observa un ánimo constructivo en una materia de suyo complicada.

Le asiste razón a Petro en cuanto a la tradición histórica de misoginia y de puritanismo. Seguramente pensaba en Foucault, – a quien suele citar – filósofo que en los dos tomos que corresponden a su obra: La Historia de la Sexualidad, muestra la confiscación y la utilización perversa de esta faceta trascendental del ser humano durante la época victoriana, y de ahí en adelante, su entrega a la agencia de la ciencia, la psiquiatría, la pedagogía, al derecho y a su aparato de control y de castigo.

Puede que no sea tan rígida la actualidad como en los tiempos medievales, es posible que lo aceptado ahora sea la banalización de la sexualidad, su instrumentalización para que entre en la esfera del mercado, que nada perdona, el regetón es un ejemplo de ello, pero, la sentencia de tutela es una muestra de que, desde el poder, en este caso el judicial, no se admite una propuesta emancipadora que rompa con el cerco de la sexualidad impuesto a la mujer, desde esta esfera no es aceptado un argumento que supere la retórica en tal sentido.

Ahora bien, la expresión presidencial se da fuera de contexto y en la construcción de la misma, en su semántica, no se tienen los mejores logros.

No es que se propugne por los eufemismos, como aquellos a los que recurre un argentino de 85 años al que llaman maestro y tiene millones de seguidores y da consejos a los jóvenes para ser felices en el lecho. El tal maestro al referirse al órgano sexual femenino le llama “el portal de las grandes aguas”. Entonces, para nuestro caso, no es que a Petro le correspondía decir que hay que acompasar el cerebro con el príncipe del portal de las grandes aguas, o con el mago de dicho portal, sino que no está claro cómo es que se llega a dicha sincronización dado que si literalmente se siguen las orientaciones del presidente se pueden dar situaciones embarazosas, tanto literalmente entendidas como figurativamente dichas.

Nos podemos imaginar la sorpresa de los padres de la adolescente que guiada por el propósito de ser una mujer libre les diga que para tal efecto sigue las directrices del presidente. Y puede ser que la novia le pregunte a su joven y tímido enamorado en qué piensa, y este le responda en lo dicho por Petro, y la novia le continúe preguntando qué fue lo dijo y el novio le haga la cita literal. ¿Llegaran a acompasarse?  O que uno de los sacerdotes progres, -por fortuna no son pocos-, al finalizar el matrimonio le diga a los recién casados, -Bryan Esteban debes serle fiel a tu esposa, protegerla… hasta que la muerte los separe. Y tú Paola Vanessa debes serle fiel a tu esposo y debes acompasar tu clítoris con tu cerebro y serás una gran mujer. Seguramente la expresión de los rostros de los asistentes a la boda daría para un video de Tik-Tok.

Es que en la vida real las cosas no suceden como se espera por los profetas o por los dirigentes, de ahí que siempre es prudente una reflexión sobre su poder.

Lo que sí es cierto es que el juez de semejante esperpento jurídico debe de tener un gran déficit en materia de acompasamiento, de otra manera no se explica su regreso a la Edad Media. Y que se compagina su visión con la del sector más retardatario de la sociedad colombiana, como quiera que su sentencia le hace coro a los múltiples pronunciamientos de los magistrados de las diferentes Cortes que muestran un patrón reiterado: el revestir de un ropaje jurídico a sus decisiones cuando en realidad son previa y sistemáticamente determinadas a detener toda iniciativa que conlleve a romper las injustas estructuras sobre las que se sostienen quienes verdaderamente detentan el poder.

Entonces es sumamente grave que se entre a amenazar con una sentencia a Petro utilizándose los mecanismos constitucionales a raíz de lo que da cuenta este escrito cuyo contenido debería ser objeto de un debate. Por el contrario, se convierte en persecución, represión, en ratificación del oscurantismo.

No puede perderse de vista que las conquistas en el plano de la ideología, en orden a derruir la de quienes dominan y someten, exige toda una proyección, una táctica, un desarrollo temático, de manera que verdaderamente el mensaje llegue a quienes se supone deben hacerlo suyo, en este caso las mujeres y sus conquistas en el universo de su sexualidad. Caso contrario se permite que el mensaje sea ignorado, tergiversado, o aun apropiado por quien detenta el poder, sólo que desprovisto de su componente transgresor o transformador. La sentencia es un ejemplo de lo dicho, con el lenguaje de moda, hipócritamente se dice defender lo que en el fondo se condena.

De igual manera habrá que ponerse de presente que una consigna demasiado general se diluye, deviene vacía, sin ninguna capacidad de convocar a la lucha.

Cierto es que la mujer del rico industrial puede ser objeto de parte de él de opresión.  Su defensa es necesaria y mal se la podría negar por la posición que ocupa. Hay por lo tanto puntos específicos de la lucha de género que sobrepasan el lugar que se ocupa en la sociedad. Sin embargo, esa mujer del industrial contribuye directa o indirectamente a la opresión de las mujeres en sus fábricas, alimenta el desprecio hacia ellas por el color de su piel, por sus gustos, por su cultura popular y justifica toda la carga opresiva que en el plano sexual, económico, disciplinario y laboral se ejerce sobre ellas.

De lo anterior surge claro que el asunto de la clase social y todas las múltiples determinaciones que esta categoría implica no puede ser abstraído si verdaderamente se quiere desde la objetividad, y no desde la proclama coyuntural y emotiva, contribuir a la emancipación de las mujeres. Lo contrario es vivir en las nubes.

A más de un siglo de ser asesinada por los fascistas la voz de Rosa Luxemburgo no se ha acallado.

“La mayoría de estas mujeres burguesas, que actúan como leonas en la lucha contra los “privilegios masculinos”, se alinearían como dóciles corderitos en las filas de la reacción conservadora y clerical si tuvieran derecho al voto. Serían incluso mucho más reaccionarias que la parte masculina de su clase”.


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Jaime Cárdenas