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Miércoles, 7 de octubre de 2026

UN SUEÑO LLAMADO QUILICHAO

Santander de Quilichao
CREPITACIONES 2017
Lic. Javier Enrique Dorado Medina

Usando a la imaginación, la llamada “loca de la casa”, me permito o mejor dicho, me doy permiso en forma voluntaria para que ella entre a volar por los reinos maravillosos de la fantasía, sobre una ciudad maravillosa y fantástica llamada QUILICHAO y no Santander, situada sobre un ubérrimo territorio bien encantador y mágico llamado valle del Cauca y al mejor estilo de la afamada serie de televisión “La isla de la fantasía”, protagonizada por Ricardo Montalbán (Sr. Roarke) y el simpático Hervé Villechaise (Tattoo), que en la presente ocasión bien puede llamarse “La ciudad de la fantasía”, entremos a imaginarnos esa ciudad ideal que todos nos merecemos, por ser llamada LA SEGUNDA CIUDAD DEL CAUCA (nombre muy hermoso, sonoro y utópico).

Entremos en la fantasía (soñar no cuesta nada y nos ayuda a calmar nuestras ansiedades por un mejor Quilichao). Para llegar a Quilichao hay dos maneras de hacerlo: primero, por medio de un pequeño y cómodo aeropuerto llamado “Los Samanes”, situado en los terrenos de la otrora hacienda “La Esperanza”, a la entrada a la vereda San Rafael, vecina de la carretera Panamericana. Segundo, a través de un magnífico y bien dotado terminal de transportes, con dos pisos, considerado el mejor de Colombia, en cuanto a ciudades intermedias, localizado en los lados del barrio La Samaria. Para destacar, la magnífica flota de taxis, que cubren sin ningún problema, los 100 barrios quilichagüeños, tanto en verano como en invierno, especialmente en esta época, cuando antes era una verdadera tortura encontrar uno solo, sufriendo las verdes y las maduras. También, el excelente y puntual servicio de los colectivos, con busetas último modelo, con pequeños televisores a bordo, silletería acolchada y servicio hasta las 11 de la noche, pues ya había mucha seguridad y era posible salir sin cinco de miedo y no había temor de nada.

Ya entrando a la Quilichao, se nota en primer lugar una ciudad impecable, sin nada de basura en sus calles y en sus parques, con recipientes para reciclarlas. Mucho orden en el tráfico, ni un accidente para lamentar, nada de estrés. Los parques, bien ornamentados son un motivo de atracción turística, especialmente el central, “Francisco de Paula Santander”, con sus calles y carreras convertidas en peatonales, por lo cual se construyeron tres malecones más a su alrededor, para completar cuatro, dando lugar así a cafeterías, heladerías y restaurantes, que noche a noche se llenan y son lugares de verdadero esparcimiento familiar.

El parque lineal, alrededor del río Quilichao, luce ahora más fantástico, porque fuera de extenderlo más hacia sus dos costados, donde no se había ornamentado, tiene también muchos pequeños parques infantiles y sitios familiares de esparcimiento. La Casa de la Cultura al fin se construyó en el sitio planeado durante muchos años, a la cual le adicionaron unas graderías medio circulares, al estilo de la Media Torta de Bogotá. Allí, cada quince días, se presentan programas culturales de toda clase, con actuación de orquestas y artistas muy famosos…

Bueno, amigos lectores, aquí termina mi fantasía y sueño quilichagüeño. Espero que les haya gustado y, sobretodo, motivado para hacer algo por nuestra amada ciudad, que se merece todo lo bueno y mejor del mundo. Es nuestra ciudad, la debemos querer y amar siempre.

Dedico esta columna a mis amigos y colegas el doctor Hardy Ambuila, por su interés y entusiasmo en soñar por un Santander de Quilichao diferente y mi amigo, poeta y escritor Marco Antonio Valencia Calle, por acicatearme de manera positiva con sus escritos.