SONÁMBULA



¿Qué piensas, chica rosada?
¿Se ha perdido acaso lo que había en tu alma la última vez que escribiste una carta donando tu alegría a los astros?
Deja esa tristeza; hay calor por descubrir aún a esa hora fría de la tarde. Oí que los carbunclos cuentan una historia que solaza a los niños antes de dormir, después de bajar por escaleras que se internan en el agua en busca de tesoros de otro tiempo. Deberías escucharla; la cuentan con voces que curan la nostalgia.
Estás tan sola… el azul de tu mirar pertenece a la noche, pero yo he visto que tú provienes del día… En fin, va anocheciendo, la tarde es una cierta sensación de solitud, no alcanza el calendario de las mariposas. Y regresar de ahí entraña cierto peligro; nadie asegura que se pueda volver sin llagas en el alma, cuando se ha permanecido quieto contemplando recuerdos en el castillo de arcos con voces misteriosas. Voces que embrujan, voces que otrora vinieron en una zapatilla de cristal, y tú las has escondido bajo siete sombras.
Regresaste sonámbula tarareando a las sedas y encajes de la noche. Alguien te vio y no pudo curarte. Los pasadizos eran engañosos, se oía el gotear de la luna en los tejados, y tú no viste que alguien te salvó de saltar al vacío.
Alguien te sigue noche y día; alguien te cuida, pronuncia tu nombre, escrito en la página número cien de tu diario secreto.



