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Lunes, 5 de octubre de 2026

La batalla cultural es un cuento

JUAN-CARLOS-LÓPEZ

Por Juan Carlos López Castrillón.

Hace más de cien años, el pensador italiano Antonio Gramsci escribió que, “para consolidar el poder, primero hay que conquistar la cultura”.

La idea fue ampliamente acogida por los movimientos de izquierda en todo el mundo, bajo la premisa de que las grandes y pequeñas revoluciones han sido, en buena medida, batallas culturales. La Revolución Francesa, la bolchevique, la maoísta, la cubana, Mayo del 68 y los movimientos estudiantiles, entre otras, produjeron fundamentalmente transformaciones en la estructura mental de sus protagonistas que iban mucho más allá de la tradicional lucha de clases. En la época posmoderna, lo político pasó, también, a lo cultural.

¿Y qué ha existido de por medio? Una narrativa.

Por eso bien decía alguien por ahí que, “mientras la derecha hacía cuentas, la izquierda echaba cuentos”. Y funcionó. La derecha se quedó con los tecnócratas y la izquierda con los poetas. Y así, entre cifras y versos, unos administraban y los otros empezaron a ganar elecciones.

Por eso, los asesores del nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, entre ellos el joven filósofo argentino Agustín Laje, han entendido que en Colombia existe un espacio enorme para construir un discurso de Nueva Derecha que vaya más allá de la política de seguridad que representó el uribismo en su momento.

La apuesta parece ser enfrentar la narrativa de la izquierda —que para algunos ya está bastante trasnochada— con un nuevo manual que ha demostrado ser exitoso en El Salvador, Argentina y, obviamente, Estados Unidos. Un relato que habla de patriotas llamados a salvar al mundo de los comunistas y en el que, a veces, pesan más los símbolos, las consignas y los cantos copiados de las barras de fútbol que las propias ideas.

Porque, al final, la política puede ser bastante simple: la gente siempre quiere un cambio. A veces porque sí y a veces porque no. Pero, sobre todo, quiere cambiar cuando se trata de votar contra un gobierno que, como el de Gustavo Petro, terminó acumulando un evidente desgaste en asuntos tan sensibles como la corrupción, la salud y la llamada Paz Total.

Pero, repito, esto va mucho más allá de un simple cambio de gobierno.

Lo que parece estar en marcha, ambiciosamente, es la construcción de una “nueva memoria” para reinterpretar la historia, las etnias, la patria, la familia, la religión, las minorías y muchos otros asuntos. Y las principales poblaciones objetivo serán, en principio, los jóvenes y esa siempre volátil clase media, que electoralmente suele cambiar de opinión con una velocidad envidiable.

Por eso son tan importantes los ministerios de Educación y Cultura y, por supuesto, los instrumentos operativos: los medios de comunicación, las redes sociales, el arte, el entretenimiento —incluido el fútbol, faltaba más—, las universidades, las iglesias y las escuelas. Allí donde, como dijo algún otro iluminado, “hay que sacar a Marx y meter a Dios”.

Pero, obviamente, esto toma tiempo y no es tan sencillo.

La historia del Tigre, la de los Nuncas, la de los Firmes, la Patria Milagro y toda esa nueva épica se van a encontrar muy pronto con algo bastante menos poético: la realidad. Los problemas sociales, los movimientos sociales, el mismísimo Congreso y un establecimiento que, con todos sus defectos, tiene mecanismos diseñados para equilibrar los poderes.

No veo, por ahora, cómo se puedan hacer retroceder fácilmente los logros conquistados por el laicismo, el feminismo, la libertad sexual, el animalismo, el ambientalismo, la democracia local, la memoria histórica y las minorías étnicas. No porque sean intocables, sino porque ya hacen parte de una transformación cultural mucho más profunda de lo que algunos quisieran reconocer.

Y ojo: hay que tener en cuenta tres cosas:

Primero, los problemas no se resuelven a punta de cuentos ni de decretazos.

Segundo, como decía Sun Tzu, “las batallas primero se ganan y después se dan”.

Y tercero, se puede ganar una batalla y perder la guerra. Porque el año entrante vuelven las elecciones locales y regionales. Y, del otro lado, aplicando la frase del ministro designado Rodrigo Lara, tampoco están mancos ni tibios.

Quién sabe. Tal vez quienes hoy votaron por el Tigre mañana se devuelvan y terminen votando por el Jaguar, las abejas y hasta por las pulgas del león, como dijo otro Defensor de la Patria.

Posdata local: Por todo lo anterior es que, durante la administración de Creo en Popayán, constituimos la Secretaría de Cultura, convencidos de que una ciudad también se gobierna desde sus símbolos, su memoria y su identidad.

Hoy, lamentablemente, esa Secretaría está a la deriva.

Pero bueno… “Todo pasa”.

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