SÓLO LOS TONTOS SON FELICES

La conciencia nace con la rebelión:
Albert Camus

Quién sabe a qué dichosa persona desdichada o institución, se le ocurrió designar un día del año para la Felicidad… “Sólo los tontos son felices”, le escuché decir al poeta soviético Eugeni Eutushenko la primera vez que vino a Bogotá. Y también al pensador griego Epicuro (306 a de C), cuando afirmó que sólo en sabiduría y salud reside este estado anímico. Lo primero porque permite dar respuestas a lo que no conocemos. Y lo segundo porque el buen estado del cuerpo libra del dolor.
Pero cómo encontrar la Felicidad en un mundo donde la sinrazón y la razón, engendran monstruos. Desde cuando Prometeo, el previsor y dador a los mortales del fuego, según Esquilo, o al Adán del mito, por glotón lo sacaron pitado del Paraíso. El cavernícola no sentía Felicidad de nada, sino complacencia animal cuando lograba su objetivo de sobrevivencia. La Felicidad, es un estado humano de plenitud intelectual y física como debería ocurrirle a cada hombre y mujer y a los pueblos.
¿Será Colombia como se dice el país más feliz de la tierra? Seguro, porque la inconsciencia mezclada con la desmemoria, como ocurre a los “tontos de Eutushenko”, le permite serlo. Igual, sería imposible la Felicidad en un planeta como que se descubre absurdo. Otra cosa es ponerse “tapaojos” para no ver a los maleantes y asesinos convertidos en jueces y viceversa. O tantos que ejercitan alrededor del orbe sus fechorías contra los Derechos Humanos, acallados en su estruendo por los medios de comunicación, y difundiendo con alegría los degollamientos a la par de los goles, en una permanente ceremonia de horror. Las reinas, que detrás de los micrófonos anuncian la felicidad mercantil, confundiendo con sus melifluas voces y sonrisas los degollamientos públicos islamistas, acallando el ruido de las sierras, los gritos de los torturados y secuestrados del circo dantesco que diariamente se vive.
Sin embargo, la Felicidad, al igual que el día del agua, niño, secretaria, o estilista, tienen su día. Un momento que debía ser sólo dedicado a la dicha nacional de un país dónde quien puede imaginar que en medio de tanto regocijo existan representantes máximos de la nación usufrutuando los predios de otros, arrebatados en sangrías enormes. Sin verse por ninguna parte el rostro de la justicia. “Comenzar a pensar es comenzar a ser minado”, dice Albert Camus. Pero como no existe en su bastedad esta capacidad funcional del cerebro humano, para descubrir el divorcio entre la vida y el absurdo cotidiano, se afirma, que somos la región más feliz de la tierra.
La sensación del absurdo nacional se percibe a la vuelta de cada esquina. Puede sentirla cualquiera que habrá su mente, alejándose de la bobería, sentimientos irracionales e ignorancia, para llegar al análisis. “Todo comienza adquiriendo conciencia y nada vale sin ella”, también afirma Camus, quien subraya que la “Nausea” que se siente ante cada noticia, es también el absurdo.
Pero en Colombia no se alcanza a distinguir aún lo cierto y lo falso, que no permite que haya Felicidad. En tanto se sepa dónde comienza y termina la verdad y la mentira. De ahí que la educación poética como reflexión, permitiría frente a las múltiples perturbaciones de este tiempo, “darse cuenta” de que se muere en un país y mundo enfermo, que navega sin rumbo ni finalidad humana. Como recuerda mi amigo Epicuro, los dioses se encuentran distantes o no tienen oído para tanto lamento… Puesto que no son más que antiguos héroes y reyes benefactores, divinizados…
Qué bien, que mi otro conocido, el hoy poeta ruso Eutushenko, enseñara cuando vino la primera vez, que: “Sólo los tontos son felices”.



