SOBRE EL BAILAO CALEÑO Y EL MUNDIAL DE SALSA



Me gocé a rabiar y en detalle el Mundial de Salsa y debo decir que los muchachos interpretan de una manera moderna lo que era la Guaracha de los años 40, el Mambo de los años 50 o el Boogaloo de los 70, buena pinta, armonía, melodía y muy buen estado físico; para poner en escena, con frenesí, ese endemoniado movimiento de rodillas y los simuladores de velocidad, lo que a la postre los diferencia de los demás bailadores de esta modalidad en Colombia; hasta aquí el lado positivo.
Pero…, tranquilos, tranquilos, directores de escuelas danzarinas, con el ánimo de innovar pueden terminar, dios no lo quiera, acabando el espectáculo, con esas imprudentes e innecesarias piruetas acrobáticas, de lanzar con riesgo mujeres al aire cuatro y cinco metros, como si se tratase de un acto, no de baile, sino circense, o de simular darle patadas a las bailarinas.
El buen bailador no necesita de esos “inventos” para danzar, solo se requiere armonía, cadencia, elegancia, un tanto de histrionismo, personalidad de bailador para divertirse y divertir a los demás, se dijo.
Pero además, con todo respeto y humildad, sin querer posar de gran danzarín, así no bailamos en los grilles, festivales, casetas u hogares de Cali, aunque con tragos…, lo cual se asocia al baile, podría terminar induciendo hacer estupideces; entre otras cosas, porque son riesgos escénicos innecesarios, preparados por los directores de escuela, con la intención de ganar.
Bien por adicionar la modalidad del “bailao” caleño, que es el del sur del Valle y del norte del Cauca; mejor aún, dejando participar en esta modalidad, gorditos y gorditas, altos y bajos, que lo hicieron muy bien, recordando “el zapato blanco” y el “baile del visaje”, que tanto sabor nos dio.
Pero como criticar es fácil y construir difícil, de uno a cinco, los califico con un 4.8 y no con el cinco, por el riesgo de las acrobacias.



