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viernes 26 febrero, 2016 a las 10:56 am

SÍMBOLOS PATRIOS

Vientos de Crisis - Colombia
phanor teran proclama
Phanor Terán, Tunía, febrero 26 de 2016.

Me ha corroído siempre el coco, la hondura y significado de aquellos versos del himno nacional: “La virgen sus cabellos, arranca en agonía y de su amor viuda, los cuelga del ciprés”. ¡Que me aspen! dirían los caricaturistas de antes.

Cuántas lágrimas ceros y comparendos familiares rodaron tratando de hacer repetir como loro, hasta el cansancio, la estupidez indescifrable. Ni siquiera las patadas, camisetas y mamarrachos de la hinchada del fútbol me hacen olvidar ignominia y afrenta.

Denso y áspero pensamiento del ilustre Núñez, de sus áulicos pasados y presentes que hicieron y hacen pasar estas cosas como parte del sentido de nacionalidad y de pertenencia a esta Locombia.

En esto, todos los poderes se parecen, se identifican con sus letanías salvadoras, sus actos de fe.

Desde entonces, quizás desde siempre, el ejercicio del poder, se ha basado, con sus más y sus menos, en  empotrar como símbolos, megalomanías, esquizofrenias y demás enfermedades que nos gobiernan,  para imponer esperpentos que hagan hinchar pecho y vociferar sin cuartel, que castiguen la desmemoria y la rebeldía o que simplemente acorralen los apátridas.

En Piendamó, para no rajar de los demás, cosa que acabo de hacer, alguien se inventó su fecha de fundación para un 7 de agosto. En medio de la ignorancia enciclopédica gobernante, se aprobó y se promulgó el acto patrio como bien preciado de la existencia comarcana. Fecha que, por supuesto, hoy, nadie conmemora, celebra ni le importa.

Por doquier, sin juicio pero con alborotado despilfarro alcaldes y eunucos hacen correr folletos, emblemas, bisuterías y zarandajas en aras de identificar los pobladores, de restablecer el orden, las buenas costumbres que ninguno o casi ninguno pueden promulgar como parte de su ética gobernante.

No ha mucho, alguien, en ejercicio del poder se inventó en el escudo de la ciudad una flor comercial como signo de la municipalidad, ignorando el descubrimiento nativo de una especie de orquídea que hoy figura en el inventario universal: la orquídea “rosarensis” en honor de su descubridora, doña Rosario Astaiza.

La una, hija del poder, no tiene el menor valor y sentido. La otra, nadie valora como tal. Locombia, Locombia, al fin y al cabo.

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