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Si gana Duque el dictador sería Uribe

Uribe-Duque

Si gana Duque el dictador sería Uribe

Si gana Duque el dictador sería Uribe

Si gana Duque el dictador sería Uribe

El peligro de votar por Duque es que de pronto gana. “Yo voto por el que diga Uribe” fue y es la consigna de muchos, y así avanzó hasta llegar a la segunda vuelta. Y si resulta victorioso, el dictador sería Uribe, todos lo saben, pero íntegros lo niegan. El senador lo impuso como terminante oportunidad para cumplir sus propios sueños, hasta ahora frustrados, cumplidos solo en parte, a muy alto costo personal.

Me explico: las propuestas o programas de gobierno que ha dado a conocer Duque son normales, sanas, sin tachas mayores, prácticamente no tienen discusión, aceptables. Pero ese no es el asunto de fondo. Inclusive, es un “buen muchacho”, recientemente envejecido, claro, con alta formación técnica y profesional, como deben ser los presidentes, pero con muy poca experiencia política y administrativa, como no deben ser los presidentes. Entre otras cosas, es muy poco lo que las hace radicalmente opuestas a las de Petro, aparte del tratamiento a la implementación de los acuerdos de paz y a la concepción económica del Estado. Obviamente, nadie va a proponer en plenas elecciones algo que vaya en contra de las aspiraciones urgentes de quienes tienen que votar, pues darían al traste con la ingenuidad pública con la que suman adeptos.

El contraste real está en lo oculto, en los intereses de exclusión socio-económica sostenible que hay detrás del telón, en lo que no puede evaluar el público desde las graderías y que crea férreas defensas a como dé lugar, a nombre del crecimiento y el progreso absolutista de unos pocos poderosos acostumbrados al lucro que provee el gobierno y la burocracia.

Por eso he dicho que no es sino estudiar un poco a Uribe y su proceso histórico y sicológico para deducir que sus ansias y necesidad de poder han sido, y son ilimitadas, y por conseguirlo ha hecho hasta lo que era imposible y sigue intentándolo, en cuerpo ajeno.

Hay que recordar, por ejemplo, que cuando culminaba su segundo periodo de gobierno, Uribe excitó a un grupo de ciudadanos para que adelantaran una campaña de recolección de firmas para volver a modificar la Constitución a su amaño y permitirse continuar en un tercer período de gobierno. Se recogieron más de dos millones de firmas.

Logró que el Poder Legislativo, sometido en ese entonces al Ejecutivo, en horas de la madrugada le aprobara la convocatoria a un referendo con aquel fin. Pero la Corte Constitucional, en la histórica sentencia del 26 de febrero del 2010, tumbó esa reelección. Se comprobó, además, que hubo irregularidades en la financiación de la campaña y que se gastó hasta seis veces más plata de lo permitido. Las cabezas visibles de esa campaña terminaron imputadas por los delitos de fraude procesal y falsedad en documento público. Inmensa frustración la de Uribe, pues en aquella ocasión no pudo someter al Poder Judicial como necesitaba.

Pero no olvidar tampoco que cuatro años antes su primera reelección también se hizo con base en un acto delictivo evidenciado en el escándalo de la compra de votos en el Congreso. El ilícito fue conducido hábilmente hacia la prescripción, aunque quedan decisiones pendientes sobre otros asuntos de la misma gravedad.

Terminó su forzado gobierno, gracias al Poder Judicial, pero en su espíritu quedaron deudas pendientes, que Uribe no perdona, como no ha perdonado nada.

Decidió entonces responder al clamor de los suyos de escoger candidato a la Presidencia, a quien él dijera como jefe único, recayendo su dictamen en un colega de bancada en el Legislativo, Iván Duque. No por su programa de gobierno, que ni se lo imaginaba y que a Uribe poco le importa.

Al dueño del CD le interesa, y necesita, volver a tomarse el Ejecutivo; luego, hacerse nombrar presidente del Legislativo porque tiene la mayor fuerza política en el Congreso; y anticipadamente ha anunciado que someterá al Poder Judicial, eliminando las Cortes que tanto problema le han puesto para poder conciliar sus sueños; esta orden también la asimiló Duque sin chistar. Los tres poderes que definen una democracia sometidos a su arbitrio.

En consecuencia, gracias a esa sagacidad, Colombia estará abocada a una inédita dictadura, inclusive sin que su presidente constitucional lo conjeture. Es que nadie le puede negar a Uribe su gran inteligencia para urdir tan imperceptibles estrategias para su personal beneficio. Es admirable, como lo es también su pertinaz capacidad de trabajo. Lo que tiene en mente es una forma de gobierno en la cual pueda concentrar toda la potestad en torno a su figura y la de su élite, eliminando con sutileza la división de poderes, porque su propensión ha sido ejercer arbitrariamente el poder en beneficio de la minoría que lo apoya, independientemente del consentimiento de quienes lo siguen o idolatran.

Es imposible que Iván Duque logre ejercer como un administrador autónomo que lidere a nombre propio su programa de gobierno. La sombra de Uribe es muy evidente y apremiante para cualquiera.

Utiliza con astucia la otra estrategia de hacerse el sacrificado, capaz de entregar su propia vida por su pueblo, y de actuar con cierta sobrenaturalidad de carácter militar y religiosa. Es además un excelente actor, talento que le ha permitido ‘frentear’ los movimientos de origen popular, que representan un peligro para los intereses de las clases privilegiadas y, en simultánea, seguir usufructuando sus votos.

Siguiendo las consignas prescritas, el candidato del uribismo ha dicho, como títere, lo que había dispuesto su manejador (ver los videos de abajo): revocar las cortes que existen hoy, sobre todo a la Corte Suprema de Justicia, que es la que ha investigado a Uribe y al uribismo y que tiene presos a buena parte de sus dirigentes, para hacer una reforma estructural a la Justicia mediante la creación de una “súper corte” que, entre otras, se encargue de juzgar los casos relacionados con el acuerdo de paz, desconociendo la JEP.

Todo coincide con la sorprendente agenda judicial de Uribe que incluye denuncias por presuntos vínculos con el paramilitarismo, interceptaciones ilegales en el DAS, injuria y calumnia, falsos positivos relacionados con las madres de Soacha, la muerte de un defensor de Derechos Humanos, por saboteos informáticos al proceso de paz, presunta manipulación de testigos, además de los centenares de procesos que ni avanzan ni se resuelven en la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes, que incluyen hasta presunta celebración indebida de contratos. Pero el senador Álvaro Uribe Vélez siempre ha sostenido que todo se trata de simples persecuciones políticas. Otra sagaz estrategia.

Es por eso que la gente lo calificó como “titiritero”, y porque puede decir, a través de Duque, que cuenta con el apoyo del pueblo, a pesar de que es quien censura toda opinión contraria a sus lineamientos, que siempre está rodeado de incondicionales y logra que sus familiares y allegados más fanáticos gocen de total impunidad. Nuevamente ha demostrado que nunca ha temido acusar a sus adversarios políticos de traidores a la patria y agentes del enemigo, mientras actúa de manera paternalista en su relación con los sometidos; cree, y hace creer, que es el único del país que tiene la solución adecuada para gobernar. No tiene colaboradores, sino parásitos que lo siguen. Y por todo Duque será el segundo presidente que él haya dicho.

En fin, mañana domingo todo ciudadano es libre de votar, en secreto, en perfecta paz y armonía por quien crea que es el mejor. Pero es una obligación de moral pública hacerlo por el que haya demostrado tener menos intereses en convertir a Colombia en una dictadura a la sombra y realmente, con los defectos naturales que todo ser humano posee, interprete más íntimamente las necesidades y pueda aportar soluciones a los requerimientos del pueblo colombiano y no tanto de las élites insaciables de poder que lo han agobiado históricamente.

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Otras publicaciones de este autor: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/editorial-alfonso-j-luna-geller/