SEMBLANZA DE UNA AMIGA


SEMBLANZA DE UNA AMIGA

Como si tocara el borde de su mano, como si viera la sonrisa que asomaba de su boca, como si la oyera riendo toda por cualquier comentario algo curioso. Así, sutil, recatado y sagrado es el recuerdo que guardo de la amiga Gloria Cepeda Vargas. Si algo en ella era notorio era el sello de la diafanidad de su amistad.
La conocí en mis primeras idas al Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo que organiza Águeda Pizarro. Por allá en el año 90 o 91. Ella era una de las consentidas de las poetas invitadas a presidir y mostrar su trabajo, ejemplo de maciza y acendrada poesía. No vestía elegante, ni era abundante en arreglarse ni era hermosa. Era un ejemplar de mujer sencilla. Ah, pero era una de las poetas de las que se puede decir que escribía como cuando al cielo le provoca llover o ponerse azul o al mar mostrar su lomo de camello blanco.
Varios años pasaron, y yo, apenas si la saludaba. No era una mujer ansiosa de figurar aunque su poesía la destacaba entre sus colegas invitadas: Meira Delmar, Nhora Puccini, Cecilia Balcázar, Olga Elena Mattei, Matilde Espinosa, Marga López Díaz, Gloria María Bustamante, Ángela Tello para nombrar algunas. Siempre, recuerdo, gustaba refrescar su rostro con un abanico y compartía su humor con gracia y carcajada.
La poesía que Gloria Cepeda creaba era un don casi de cuna. Su padre la distinguía porque escribía y la chicuela se quedó con ese don que la llevaría a salones, ciudades y cenas elegantes. Veamos su estilo en el poema Mi nombre:
¿Cómo me llamo?
¿ojo?
¿paquidermo?
¿manumisa o esclava?
¿quién me cerró la boca
para que no mezclara mi saliva
con la sal de la tierra?
Mi nombre rectilíneo
rectiúnico
amasado con barro y levadura
empedrado como una calle antigua
lleno de mataduras.
…
¿cómo podrá reconocerme ahora
la multípara araña que me mira en la sombra?
Salmo de las primeras claridades
convertido en agónico murmullo
¡Oh, isla del habla!
¡ascética cintura!
¡oh, menguada manera de permitir el mundo!
…
Su poesía no es ni tradicional, ni barroca ni modernista. Tiene su sello propio. Es de fibra gruesa y sonora, es contemporánea, válida para presentarse en cualquier escenario o ante el mejor poeta. Qué frescura y vocablos tan selectos, con precisión exacta. Sus versos tienen el condimento exigente de la expectativa, la sorpresa, el verbo tronante y el epíteto apropiado.
Glorita era agradable para conversar, no se graduó en la universidad pero no la necesitó porque la vida le regaló exquisito lenguaje, picardía y profundidad. Podía hablar de cosas sencillas o abstrusas, de ternezas o maldiciones. El lenguaje siempre la acompañó oportuno.
Entre Popayán y Caracas, entre su casa, Popayán, y el Museo Rayo, entre su intimidad y la amistad Gloria Cepeda nos regaló en vida casi 90 años. Quienes nos preciamos de ser sus amigos y casi la vemos cerrar sus ojos, tenemos en nuestro haber su legado. Popayán y sus estamentos tienen la posibilidad de exaltar su memoria con la publicación de su Poesía.
02-08-18 9.20 a.m.
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