SEMANA DE LA AFROCOLOMBIANIDAD


SEMANA DE LA AFROCOLOMBIANIDAD: ALTERIDAD POR CONSTRUIR DESDE EL ESTADO

Mi humanidad está ligada a la tuya,
porque nosotros solo podemos ser humanos juntos.
Desmond Tutu.
En la semana del 21 de mayo el país y en particular los departamentos con mayor presencia de hombres y mujeres negras, donde la cultura de ascendencia africana permea la cotidianidad de las comunidades se visten de tradición, cultura y saberes propios; los imaginarios culturales que perviven en los pobladores se armonizan en dirección de gozar y disfrutar de todo lo que encierra y recoge la cosmovisión del pueblo afrocolombiano.
Un 21 de mayo de 1851, el presidente de los colombianos José Hilario López, firmó el decreto mediante el cual se abolió la esclavitud en Colombia. Esta ley cambiaba las relaciones de los esclavistas con los esclavizados; eliminaba el modo de producción con esclavos ya no habría más propiedad de los españoles sobre los seres que habían esclavizado, sobre su medio de producción, nunca mencionó la palabra africano, nunca la ley se refirió a ellos como personas en absoluto, esa ley habló de medios de producción y de modos de producción esclavista, eliminó las cadenas, pero esa ley mantuvo la condición de negros[1]. Hay que recordar que el expresidente Andrés Pastrana, a través de la ley 725 legalizó el 21 de mayo como el día de la afrocolombianidad.
Estos días de la afrocolombianidad, la alegría y los coloridos de la cultura del pueblo afro se toman la vida institucional escolar, son los días de “los otros”, los que son invisibilizados y olvidados por el currículo institucional, por las prácticas en el aula, por la interpretación de la vida y en general por la cotidianidad estudiantil. La música, la danza, los peinados, la gastronomía afro, y otros conocimientos, se mueven en el hacer escolar. Todo este bagaje cultural sueña con llegar y quedarse en la escuela y que la racionalidad académica instalada en la didáctica del hacer pedagógico, permita convertirse en puente que conecte saberes y lógicas ancestrales afros con la lógica de las ciencias y del experto (maestro). Unos saberes estructurados y consolidados al interior de las comunidades, deben llegar al aula y ser vectores que direccionen los procesos académicos institucionales.
El desconocimiento y el desinterés del Estado no ha permitido que los saberes y prácticas, culturas propias del pueblo afro sean facilitadoras de mejores aprendizajes, esta actitud desde el gobierno central ha contribuido a promover un desarrollo asimétrico entre las culturas, menguando el crecimiento y desarrollo de los pueblos. Un país de múltiples regiones y culturas como el nuestro, el hacer educativo debe nutrirse del territorio para lograr aprendizajes de mayor significatividad para los estudiantes: es reconocernos como iguales, pero con particularidades según el contexto. Como seres humanos tenemos el derecho a recibir una educación de calidad que se estructure desde las comunidades.
Es la semana cuando la rigurosidad académica de las áreas fuertes (matemáticas, lengua, ciencias sociales y ciencias naturales y otras, dependiendo el modelo pedagógico institucional), se relajan y permiten que otros, “saberes, practicas, lógica” y formas de vida llenen los espacios de la vida en el aula. Son los momentos en que la cultura de los territorios se engrandece y los vientos de inclusión académicos arropan a directivos, docentes y estudiantes en general; el niño y la niña afro se dan cuenta que hay otra forma de hacer escuela y construir saberes y es propio de su mundo social y comunitario. Es la dinámica que debe quedarse en la escuela.
Es la semana para mostrar una cultura que, independientemente de las diferentes acciones que el Estado colombiano colonialista y discriminador ha promovido históricamente, se ha irradiado hacia todas las vertientes de los pueblos que tejen la identidad del país, enriqueciendo la vida y los imaginarios sociales y culturales para la grandeza de la nación.
La semana de la afrocolombianidad que despierta una gran sensibilidad por la cultura de los pueblos afros y que mueve el sentimiento de unidad nacional y la necesidad de reivindicar los derechos de los grupos empobrecidos de la nación; nos invita a unirnos en una sola voz, “aquí estamos y también somos colombianos”, solicitando mayor presencia del gobierno en los sectores olvidados, que es urgente la atención y la mirada del Estado con recursos económicos y presencia institucional estatal, para mejorar y mantener la vida como un bien preciado de todo ser humano, que la precariedad por el abandono por parte de los gobiernos de turno no puede continuar en los territorios de las comunidades negras.
La cultura de ascendencia africana con sus aportes ha engrandecido a la sociedad colombiana, el Estado tiene la obligación de resarcir en parte el descuido histórico, intencionado de muchos gobiernos, que solo se dedicaron a fortalecer a las grandes ciudades, monopolios empresariales y mejorar la vida de los culturalmente favorecidos, descuidando aun alto porcentaje de la población colombiana.
El 10% de la nación, que
representa, el total aproximado, de los hombres y mujeres negras de la
población colombiana, deben ser articuladas al desarrollo del país, a través de
políticas diferenciales en clave de inclusión social, donde las deudas
históricas que tiene el país con el pueblo negro se vaya paliando en un proceso
reivindicatorio de derechos. Se debe cambiar la mirada de olvido y abandono que
los burócratas del Estado irradian hacia territorios afros, por compromisos reales
que permita cambiar la forma de vida precaria que los gobiernos elitistas han
impuestos a nuestras comunidades.
[1] García A. Fabio Alberto; Afrocolombianidad en la catedra de etnoeducacion, una guía para orientación en el aula, Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, Medellín, Colombia 2016
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