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Lunes, 5 de octubre de 2026
martes 16 noviembre, 2010 a las 12:15 pm

Santos debe pedir perdón

FABIO ARÉVALO ROSERO MD
Hace 25 años un Estado indolente, consintió la muerte de una niña que podía salvarse. Allí están los aterradores testimonios de periodistas y socorristas que acompañaron a Omayra en sus últimos alientos de vida en Armero (http://almaerrante.forumcommunity.net/?t=2198493). Un cuarto de siglo después agentes del mismo Estado están acusados de uno de los crímenes más atroces contra la sociedad colombiana en la humanidad de tres humildes niños. Algo más que un magnicidio. La vida y futuro de tres menores campesinos debería tener privilegio frente a cualquier político o “poderoso” del país. Pero el Estado “siempre ha funcionado así”, como en la fábula de los monos.
Los militares están interesados en encontrar otras aristas para involucrar a civiles en el bárbaro asesinato, según afirmaciones del inspector del ejército. Una movida sospechosa por el riesgo de desviación de la investigación. Mientras tanto el comandante responsable de la región donde ocurrieron los hechos es premiado con un traslado que equivale a un ascenso. Y los que piden excusas débilmente, son los mandos medios. Eso no vale, ni les duele hacerlo.
Y a los comandantes “ascendidos” los gobernantes locales sin carácter, los recibirán con honores. Y así continuará la cadena de elogios y autolelogios, porque el Estado siempre ha funcionado así. Y los grandes jefes seguirán afirmando por siempre que estos son hechos aislados, que para nada comprometen a la institución. Hechos aislados que ya son repetitivos y que están bajo el resorte de una poderosa estructura. Pero la sociedad civil no ha sentido que hayan asumido la responsabilidad que les compete en el cruel asesinato de los niños de Arauca.
Bien lo dijo el padre de los infantes mártires: “A las Fuerzas Militares les digo que no habrá perdón ni olvido, que lo que exigimos es Justicia, porque la masacre de mis tres hijos no la realizó un solo militar, ese crimen lo cometieron varios”. Y si es así será un crimen de Estado ¿Seguiremos con los casos aislados? ¿Podría haber perdón y olvido ante semejante barbarie? Si fue cometido por uniformados, será delito de lesa humanidad. El padre doliente, con irreparable dolor en el alma está hoy abandonado, casi intimidado y sin ningún tipo de apoyo estatal.
Hace 25 años el estado colombiano fue cuestionado por la indolencia frente a las víctimas y puntualmente por el caso de Omayra Sánchez, cuando la foto de Frank Fournier le dio la vuelta al mundo. Hoy hay indignación civil frente a la atrocidad cometida con los niños de Arauca, pero tal vez aun no hemos dimensionado la verdadera monstruosidad, por la violación de la niña y los crueles asesinatos a mansalva. ¿Será eso posible?
Si finalmente se prueba que fueron militares los autores del espantoso crimen, será su comandante máximo quien deba poner la cara como es debido. No son los mandos medios quienes den excusas a medias, eso tiene un tufillo a burla. Si se quiere algo de justicia, le corresponde al mismo Presidente Santos, como jefe de las FFMM, pedir perdón públicamente ante la sociedad y mirando a la cara del padre de los malogrados niños. Aceptando ágilmente las responsabilidades y tomando las inmediatas decisiones para hacer una mínima reparación.
Con ello podría recobrarse algo de confianza, pero tal vez eso solo sea imaginación. Nunca pasará, porque como en la historia de los monos burócratas e indolentes, el Estado siempre ha funcionado así.
Apostilla: Y en regiones atrasadas como estas, los gobernantes tradicionales “siempre han funcionado así” para mantener el conformismo y evitar el progreso de la gente. Hábilmente muestran otro panorama, manipulando incautos pero dejando a la mayoría en las peores condiciones.
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