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Martes, 6 de octubre de 2026

Salud: Un Derecho, no una dádiva

Hospital Francisco de Paula Santander - Santander de Quilichao - Foto - Proclama del Cauca
Alfonso J Luna Geller

Salud: Un Derecho, no una dádiva / En el municipio de Santander de Quilichao, Cauca, resulta cada vez más preocupante la percepción de que la deficiente atención en el Hospital Francisco de Paula Santander se ha convertido en algo “normal” o “habitual”. El reciente fallecimiento del señor Criollo Penagos —cuyas circunstancias apuntan a la negligencia institucional— es una demostración dolorosa de que el problema no radica únicamente en la falta de recursos o de infraestructura, sino, sobre todo, en la actitud y compromiso de quienes tienen la obligación de brindar salud y salvaguardar vidas. El gerente de la institución, el señor Carlos Gabriel Quiñonez Quintero, ofrece excusas que, lejos de tranquilizar, revelan una peligrosa tendencia a justificar la atención deficiente bajo el argumento de la alta demanda de pacientes. Sin embargo, la falta de personal o la saturación de la capacidad instalada no son excusas válidas para normalizar errores que ponen en riesgo la vida de las personas, ni mucho menos para relativizar la gravedad de casos donde la negligencia deriva en tragedias. La obligación de un centro hospitalario es ajustar su operación a las necesidades de la comunidad, no acomodar la comunidad a sus limitaciones.

La falacia de los recursos insuficientes

Es cierto que el financiamiento, la tecnología y las condiciones laborales son factores importantes para la adecuada prestación del servicio de salud. No obstante, afirmar que solo la carencia de recursos impide la excelencia en la atención es una postura simplista y, en muchos casos, una cortina de humo para encubrir prácticas ineficaces o corruptas. La experiencia muestra que, a pesar de que se asignan presupuestos considerables, gran parte de ellos se dilapidan o desvían. Al final, la comunidad no ve mejorías sustanciales, mientras surgen “elefantes blancos” y monumentos a la ineficiencia.

La verdadera raíz del problema: la actitud

Más allá de los recursos, el problema de la mala atención en salud tiene un componente fundamental en la actitud del personal sanitario y administrativo. Es inaceptable que la negligencia, la displicencia o el trato grosero de médicos, enfermeras y personal de apoyo perjudiquen de manera tan directa la integridad y la vida misma de los pacientes. La dedicación al oficio médico —desde el director del hospital hasta el funcionario más humilde— implica servicio y humanidad, algo que no se suple con un presupuesto más generoso si prima la indiferencia.

Negar la negligencia no borra su existencia

En su diálogo con este medio, el señor Quiñonez subraya la cantidad de vidas que se salvan para matizar los errores que también se cometen. Salvar una vida no es un favor, es la obligación inherente al ejercicio de la salud y, por ello, no debe servir de pretexto para desestimar o minimizar las muertes derivadas de la falta de diligencia. En un hospital, no se compite por cifras entre “vidas salvadas” y “vidas perdidas”: cada persona que ingresa con la esperanza de curarse debe recibir el mejor trato y atención posibles, sin justificaciones que diluyan responsabilidades cuando algo sale mal.

Cuando la disculpa de la alta demanda se vuelve costumbre

No es raro escuchar quejas sobre el exceso de pacientes o la insuficiencia de personal. Sin embargo, esta recurrente disculpa no exime a los administradores de la obligación de tomar medidas para mejorar la atención, reforzar el equipo asistencial, reorganizar turnos o gestionar el aumento de la capacidad. Lo que en ningún caso resulta admisible es pretender que la comunidad “entienda” o se “acostumbre” a la precariedad en el servicio.

Responsabilidad y compromiso real

La salud es un derecho inalienable y no una dádiva que se otorga a conveniencia del prestador. No se trata de vanas disputas ni de señalar quién “tiene razón”. El llamado es a la responsabilidad y al respeto por la vida humana. El personal sanitario y directivo debe responder con acciones concretas: revisiones de procesos internos, capacitación continua y evaluaciones de desempeño que incluyan la perspectiva de los usuarios. El hospital está llamado a investigar a fondo las fallas, sancionar debidamente las negligencias y efectuar correcciones inmediatas para evitar la repetición de tragedias.

Un llamado a la ciudadanía y a las autoridades

La comunidad no puede permanecer indiferente ante la muerte evitable de un paciente. Tampoco las autoridades deberían ser complacientes o limitarse a emitir declaraciones para luego archivar los casos. Es momento de que la ciudadanía exija transparencia, eficacia y calidad en la atención médica. La indolencia de algunos no puede seguir siendo la carga de todos. En definitiva, urge un cambio de paradigma: la salud no es simplemente la suma de recursos y tecnología; es, sobre todo, un compromiso ético y humano. No más silencios ni excusas que normalicen la displicencia. Quien acude a un hospital lo hace confiando en su derecho a la vida y a la atención digna. Mantener esa confianza intacta no es un logro excepcional, sino la base y la razón de ser de cualquier servicio de salud.


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