Salud, todo un galimatías


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Diez años atrás tuve la posibilidad de conocer a Edigson en la Comuna No 7, un joven lleno de fortaleza espiritual y con todo el deseo de sacar avante a su comuna, como así la llamaba.
Edigson es una persona normal y corriente en su actuar, excepto por su discapacidad que lo ha acompañado desde su temprana edad, reflejada en la alta presión ocular que agobia su ojo derecho y que desde entonces presagiaba, que de recrudecerse su enfermedad, le podría generar con el tiempo una ceguera permanente.
Pero esta limitación no era óbice para que buscara responder a sus compromisos como ser humano, con la impaciencia de querer valerse por sí mismo y desde luego, de aportarle un ingreso, por mínimo que fuere, a su querida madre. Así lo hacía.
Pueda ser que quienes tengan la posibilidad de leer este articulo y que a su vez hayan tenido que visitar la zona médica ubicada en La Estancia, pues lograron conocerlo e inclusive utilizar sus servicios, ya que él era vendedor de minutos para diferentes operadores. Se mostraba alegre, compartía con sus colegas competidores, tal vez, tenía la ventaja que era buscado por los clientes, llamados por la solidaridad que despertaba su estado de salud, pero igual, sus compañeros lo acogían de manera especial.
Así transcurría la vida de este amigo, hasta que ocurrió lo inevitable, su estado de salud empezó a desmejorar y con ello el calvario que deben sufrir miles, cientos, millones de colombianos que deben soportar el inhumano Sistema de Seguridad Social, de manera especial de los regímenes subsidiado y vinculado.
Edigson tenía un 10% de su visión hasta que la presión visual incremento considerablemente produciéndole malestares de orden general que le impedía seguir desarrollando su actividad diaria.
Acudió a su prestadora de salud, que me voy a reservar el derecho de enunciarla en este artículo por las medidas arbitrarias que puedan tomar, pero que no duden, que la verdad más temprano que tarde saldrá al escarnio público, porque no puede ser posible, que además de embolatar al paciente con órdenes de apoyo a especialistas que sometieron a espera inusitada y luego al mal procedimiento quirúrgico (ratificado por un reconocido especialista de la ciudad) al que sometieron a Edigson ocasionándole daños irreparables a su retina y a la totalidad de uno de los órganos de los sentidos, como es el de la visión, pues es un desastroso desenlace que no le puede seguir ocurriendo al común de los colombianos.
Abogamos entonces porque la llamada “Reforma a la Salud” sea la cura para los innumerables males que padece la población menos favorecida del país, que la Superintendencia concentre su interés en defensa de los usuarios, el gestor tenga la capacidad de garantizar el servicio para ciudades por fuera del territorio, acceso a través de filiales, convenios entre gestores y urgencias, libertad de escogencia en la red y que los llamados “pacientes de alto costo” tengan la posibilidad de atención mediante redes de alta especialidad pagadas totalmente por el Estado o redes administradas por los gestores por cuenta del esquema del reaseguro.
Mientras tanto, Edigson, con su indeclinable deseo de seguir sirviendo a la sociedad se prepara para representarnos en los juegos para discapacitados en la disciplina de ajedrez y muy en su interior pensando cómo apoyará en el futuro a su familia que incluye una niña de escasos tres años.



