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Sábado, 3 de octubre de 2026
martes 21 noviembre, 2017 a las 8:06 pm

RÍO, PEDAZO DE MAR

RÍO, PEDAZO DE MAR
RÍO, PEDAZO DE MAR
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
RÍO, PEDAZO DE MAR
Río-Mar Cali hoy frente al Edificio entre Ceibas

El Río Cali amaneció más crecido que ayer por las continuas lluvias. El agua sigue cayendo y el río luce con sus aguas como una porción de mar. Su lecho no se ha desbordado como tampoco el mar. El Río ondea frondoso y se oye con rumor de mar. Sus aguas amarillentas se han vestido de invierno y caminan sin dar traspiés. Sus pasos son largos, sonoros y hacen contonear sus hombros como si fueran ondas de un mar.

Todo me amaneció oliendo, sonando, corriendo y ondeando con aspecto a mar. Miro atrás para verificar si sus aguas vienen detrás de mí. Miro todo el paisaje y se me parece a Barú, a Taganga, a Guayaquil con manta verde, a Buenaventura y Juanchaco. ¡Quién pudiera meterse en esa agua amarilla y probar si suben las truchitas a besarme el pecho también!

Sí. Hoy el Río Cali parece un larguero de mar. Si cerrara los ojos sentiría cómo suenan sus aguas a mar. Desde lejos se puede oír. Sigue uno caminando y el rumor no se acaba. El agua sigue ondeando como si estuviera surfeando y le hubiera pedido prestado su rumor al mar.

No aparecen las gaviotas pero se posan sobre las ondas las garzas blancas e ibis negras y se oye el piar de bichofués y alondras que celebran la algarabía del pleamar. Las lianas se han doblegado y los papiros se han hecho a un lado. Miran de reojo las olas crecidas y las saludan desde lejos. ¿Por qué el Río suena a mar, por qué amaneció tan creído? ¿Quién le daría esas alas y quién le daría tanta agua que está como un borracho cantando algo parecido a una barcarola feliz?

Un balón perdido en las aguas gritaba: «¡Cabalgar y cabalgar sobre las olas y el temporal! Tal, marinero, tu destino: Ser jinete de la mar!» Ah, lo que el caminante goza caminando por la orilla del mar… Falta el sabor a sal marina en los labios y una buena compañía. De resto, ¡parece que estuviera en el mar! Ropa ligera, mirada larga, paso a paso mirando el paisaje y dejando entrar la melodía del oleaje del mar…

Sigo adelante y me miro las manos. ¿Estaré soñando? ¿Acaso estoy en el mar? Porque lo siento rugir, lo veo con pelo amarillo y veo sus ondas saltar. Cómo acarician el aire, cómo gozan sacando pecho y se vuelven a hundir, como braceando y dejándose llevar… Y se oye que sale de adentro, de la inmensidad profunda el eco de una paz en su fondo.

Sí. Ese es el sonido del mar. El batir de sus ondas, el regurgitar de su volumen acuoso no ofende ni siembra temor. Es suave canto y conserva su cauce sin amenazar con salir de su  orilla y curso.

Ya regreso a descansar con el alma llena de ambiente de mar. Nunca a esta hora había visitado al mar ni me había llenado de su sal.

21-11-17                                                9:15 a.m.

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