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Domingo, 25 de octubre de 2026

Réquiem por las araucarias

Murieron de pie. Al final crujieron como en un gemido mientras la motosierra terminaba su trabajo. Los pájaros vieron como sus nidos se vinieron al piso sin entender por qué, si nunca le hicieron mal a nadie. Eran las últimas...

Por Juan Carlos López Castrillón.

Murieron de pie. Al final crujieron como en un gemido mientras la motosierra terminaba su trabajo. Los pájaros vieron como sus nidos se vinieron al piso sin entender por qué, si nunca le hicieron mal a nadie.

Eran las últimas araucarias centenarias del parque de Caldas de Popayán, que esta semana – mientras en las calles circundantes se desarrollaba exitosamente la versión número 24 del Congreso Gastronómico – fueron taladas por la Alcaldía de Popayán. Increíblemente no hubo tiempo antes.

Miles de visitantes al Congreso (locales y extranjeros) debieron participar del espectáculo siniestro, pues el ruido de los aparatos de corte era el telón de fondo del segundo evento más importante de la ciudad, después de la Semana Santa.

Solo una mente muy ignorante puede dar una orden semejante para ejecutarse tan a destiempo, cualquiera sea la explicación fitosanitaria que la respalde. Nunca va a ser aceptada.

Para completar, dejaron sus troncos hechos pedazos tirados por toda la extensión del Parque, el cual rodearon con esa cinta amarilla que se establece en los sitios donde ha habido un accidente o un crimen. Muy apropiada. Deberían imponerla alrededor de todo el palacio municipal.

Esos hermosos árboles nos acompañaron desde 1910 (fueron sembrados por la administración del alcalde Jesús Cerón), cuando se inauguró la estatua del sabio Francisco José de Caldas, que le dio nombre a la plaza que hasta esa fecha era más de mercado y de eventos.

Durante 116 años crecieron y nos brindaron sombra, color, olor, abrigo y un paisaje inspirador. Debajo de ellas cinco generaciones de payaneses y visitantes vivieron historias de amor, tertulias literarias, expresiones artísticas, jornadas de protestas y los mejores ratos de ocio.

Bastaba llegar al parque para sentarse debajo de ellas y sentir como el sosiego bajaba rápidamente desde la copa de sus ramas gigantescas. Ahora queda un espacio triste que nos acompañará durante años mientras siembran los tres árboles que según un contratista de DAFE entrevistado la semana pasada, son la tasa de reemplazo que tienen prevista por cada árbol talado. Uno en el Parque y dos más en otros sitios de Popayán.

Es cierto que todos los árboles cumplen un ciclo vital de acuerdo a su especie, por eso es importante pensar en el relevo generacional. Bajo esa premisa sembramos 10 árboles en el Parque Caldas y 350 mil en todo Popayán. Reforestar en zonas urbanas y rurales es una tarea que requiere constancia, un compromiso permanente, y no solo una exigua tarea obligada cuando el daño ya está hecho.

Como en todos los hitos de la historia, el tiempo curará esta herida y en unas décadas se habrá recuperado el entorno mágico que generaban estos bellísimos árboles. No nos tocará a nosotros. No importa. El parque de Caldas volverá a ser como antes.

Hoy no queda sino pedirles perdón a esas bellas y longevas araucarias, por no haberlas atendido mejor y por no brindarles un final más digno, más íntimo quizás. Pero bueno, eso es lo que hay por estos tiempos en esta villa de Don Sebastián de Belalcázar, en donde todo ha empeorado (lo dicen las cifras). Dependerá de todos nosotros y de a quien elijamos el año entrante si queremos continuidad o cambio.

Posdata: sigue al alza la cifra de muertes en accidentes de tránsito en Popayán, ligados a conductores borrachos ¿No será que la Secretaría de Tránsito, al menos, puede hacer más controles nocturnos de alcoholemia?

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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