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miércoles 6 septiembre, 2017 a las 8:39 am

Reflexiones sobre la paz y el buen trato

Tormenta y Paz Interior
Imagen: http://crearc.blogspot.com.co/
CARLOS E. CAÑAR SARRIA / [email protected]

Lo contrario de la violencia es la paz. La paz es el principal síntoma de una sociedad feliz, así como la violencia es el principal síntoma de una sociedad enferma.

Platón considera que la felicidad está en el bienestar del alma. Agrega que si pretendemos la consecución de una sociedad feliz debemos comprometernos en convertirnos en hombres virtuosos. La virtud es el camino del bien.

En un país como el nuestro donde históricamente ha sido constante la violencia, la intolerancia, el odio, la violación sistemática de los derechos humanos, la exclusión en todas sus expresiones, resulta oportuno que todos resaltemos la paz como valor fundamental en la construcción de una Nación civilizada, donde reine la armonía, la concordia, el respeto y consideración al otro.

Los conflictos son inevitables en toda sociedad. Es más, son necesarios porque producen cambios. Respetar las diferencias y buscar acuerdos mediante el diálogo y la concertación es la vía civilizada de resolución de conflictos.

El buen trato y la consideración al otro nos dignifica como seres humanos. Desde la Antigüedad lo conciben muchos filósofos, muchas religiones y constituciones políticas en el mundo. La tesis confucianista de “No hagas a otro lo que no quieras que te hagan” debe convertirse en un imperativo categórico. Tenemos que medir nuestras palabras y acciones con respecto al trato con las demás personas.

La paz no es sólo responsabilidad del Estado y de los grupos armados ilegales. La paz es un derecho y un deber que exige el compromiso de todos los colombianos. Nuestra Constitución Política así lo estipula en el Artículo 22: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”.

En momentos en que estamos celebrando la Semana de la Paz, entendemos la preocupación nostálgica de Simón Bolívar cuando afirmaba que “en cada colombiano hay un país enemigo”. Comprometámonos a demostrarle al inmortal Bolívar y al mundo entero que sí es posible encontrar en cada colombiano un país amigo. Y al tiempo hacer efectiva la tesis de Montesquieu registrada en  “El espíritu de las leyes”: “Los seres humanos no sólo hemos nacido para vivir juntos, sino también para agradarnos”.

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