¿Quién mató a Michael Jackson?
El novelista irlandés Óscar Wilde era cáustico e ingenioso en sus comentarios. Alguna vez expresó que “Haría cualquier cosa por recuperar la juventud… excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad”. Preceptos con los que parece estaba seriamente comprometido Michael Jackson ya que invirtió una fortuna para persistir en la infancia y la juventud.
La historia del “Rey del pop” es tal vez lo más cercano en la realidad al “Retrato de Dorian Gray”. Jackson se remodelaba y trataba de mantener una apariencia física imperecedera, pero su organismo irremediablemente envejecía y se deterioraba, en tanto su espíritu se destruía. Debido a las excentricidades en el manejo de su cuerpo en un atrevido intento por atravesársele a la ley de la vida, su edad biológica avanzaba inexorablemente a pasos acelerados. Muere a los 50, pero por los rigores del abuso en realidad ya tenía unos 80 años.
¿Dónde se acentúa el declive de Jackson? Cuando descubre su verdadera pobreza intenta comprarlo todo con abundantes cantidades de dinero que nunca fueron suficientes para mitigar sus debilidades. Aquí se aplica perfectamente el aforismo que enseña que rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita. Sus millones de millones de dólares lo volvieron infeliz. Ni siquiera le sirvieron para comprar una esposa que jamás pudo tener ante su incapacidad para hacer las más sencillas conexiones y empatías humanas.
Su talento artístico fue indiscutible, un privilegiado sin duda. Pero la fama (no el éxito que no conoció) y el dinero hicieron mella en una frágil identidad. Era el prototipo del pusilánime y escaso de criterio que llegó a confiar en los impulsos de la frivolidad apoyado por desvergonzados profesionales que le acolitaron sus obsesiones. Por las mismas causas murió tempranamente la estrella Florence Griffith-Joyner. Pero no aprendemos las lecciones y seguimos confiando en mercaderes de la salud cuando nos venden tratamientos con efectos milagrosos y casi inmediatos.
Los resultados y cambios parecen fantásticos con productos y técnicas de hábiles manipuladores, a quienes, cuando de conservar la belleza y la apariencia se trata, no les interesa los efectos en el mediano y largo plazo. La prescripción frecuente de algunos fármacos conocidos como “drogas de la felicidad” para el control del peso, mejorar la vitalidad (compuestos multivitaminas-proteínas), mitigar el dolor e intervenir emociones pueden llevar a irreparables daños del sistema cardiovascular. La bella alemana Birgit Dressel, murió de infarto a sus 23 años, atiborrada de drogas que pretendían volverla exitosa.
Michael Jackson quería mantenerse en pié en contra de la naturaleza, pero era tarde, había quebrantado el pacto de la vida que nos enseña que despacio se va lejos. Su lección nos reafirma la necesidad de no confiar jamás en los mercantilistas del bienestar, la forma física y el rendimiento ganados en el corto plazo. El costo en la mayoría de los casos es elevado: un alto riesgo de infarto que puede ser fatal.
Para Robert Thompson, profesor de comunicación audiovisual y experto en cultura popular de la universidad de Syracuse, Michael Jackson era «el ejemplo perfecto de alguien que fue destruido por el nivel de gloria que alcanzó». Para los expertos en el mundo del espectáculo, el cantante de «We Are The World» se convirtió en una parodia de sí mismo y era difícil que renaciera como un artista serio. Pero más aun que pudiera vencer al capricho que el mismo había creado.




