QUÉ PASARÍA SI NO HABLÁRAMOS DE POLÍTICOS


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano
De pronto me he quedado mudo y se me vino esta frase al pensamiento. ¿Qué pasaría si la TV, la radio y los periódicos no mencionaran para nada a los políticos? Claro, entendiendo que políticos son desde el presidente, los ministros, sus agentes, los embajadores, los senadores, representantes, gobernadores, procuradores, contralores, alcaldes, uniformados de la policía y el ejército, los magistrados, superintendentes, jueces y alcaldes, secretarios y representantes de gremios económicos de todo pelaje de cualquier pueblito.
Enciende uno la radio o prende la TV o abre el periódico y nuestra nariz se topa con un individuo de estos hablando de temas, proyectos o cifras, de movilidad, del clima, de accidentes o de planes de vivienda gratis. No puede uno estar tranquilo lejos de las pamplinadas, muletillas y giros extraños del idioma que ellos sacan de sus mangas enmarcornadas y de sus charreteras con estrellas.
Qué tal que un día a las emisoras les diera por no entrevistar al ministro Cárdenas o por no poner el micrófono a un enemigo de Maduro o a un coronel o intendente comandante de un cuadrante. Colombia, seguramente descansaría y podría ir a la cama por la noche sin pesadillas por anticipado. Nuestros oídos no oirían tanta mentira, tantas fantasías, promesas y quejas de lo malo que sucede muy a su pesar.
Habría paz y mucho silencio necesario, no se atentaría contra la contaminación auditiva y visual. Solo se oiría en las calles el sabroso ruido de los carros y de noche el dulce sonar de las sirenas de las ambulancias. Por lo menos esos ruidos no dicen mentiras ni embaucan a la gente. Son lo que son. No tienen perversas intenciones.
Pero no. Ese es el oficio de los reporteros y periodistas. Buscar, hacer antesalas, guardar en su celular el número de fulano y mengano que trabaja en el despacho de, o es amigo de o el directo de. Y así estaremos plagados de noticias gordas al estilo del ministro que ayer llegó flaco y hoy lo vemos muy popocho. Una emisora, un periódico o un canal de TV valen por la foto o la entrevista con la voz de un ministro que cae o del que entra o del paro de la justicia.
A los medios de comunicación les parece que eso es llevar comida sabrosa a casa por la mañana, a medio día y por la noche acompañada de fotografías de robos en calles, accidentes en puentes o carreteras o entradas a urgencias de una EPS. Y la gente, callada oye mientras mastica lo que le ofrece el canal tal o cual o la emisora azul, roja o amarilla. Pareciera que no se puede vivir sin estas medicinas tan baratas. Y, claro, cada vez el menú es más nutrido, ayudado por reporteros gratis en los whatapps que no les cobran su trabajo de conseguirles «noticias» frescas.
De los políticos ¿quién nos librará? De eso y de la paz ansiada no hay que esperar. Claro que sí sabemos quién le habla a los oídos a los medios de comunicación y para qué porque lo que oímos viene jugoso para boca y bolsillo.
30-12-14 12:27 p.m.




