BALANCE HUMANO DEL AÑO 2014 (I)


En Colombia la gente no quiere grandes cambios. Especialmente la «clase media». Los profesionales y tecnólogos proletarizados, los técnicos, micro y medianos empresarios, los «emprendedores», están relativamente cómodos y aceptan los males del capitalismo. Les molesta la corrupción, los privilegios de altos funcionarios, los injustos impuestos, pero no quieren cambios drásticos que impliquen nuevas polarizaciones, tensiones y violencias. Una «revolución tranquila», pacífica, ciudadana, «suave», es con lo que la gente sueña.
El Nuevo Proyecto Político debe tener en cuenta esa situación, ser paciente, ir al ritmo que la gente propone, ser astuto y amable, proponer soluciones, dejar de ser apocalípticos y «casandras del desastre», mostrar optimismo y seguridad, hacer a un lado la eterna queja y el negativismo ideologizado. Además, proponer metas alcanzables y posibles que tengan consecuencias inmediatas. «Arañando el cielo y arando la tierra», «soñar con los pies bien puestos en el suelo». Si logramos hacerlo en el 2015, seguro que avanzaremos.
Ese es el propósito al que convocamos en el año nuevo. Con sencillez y modestia. Sin protagonismos individuales. Construyendo «proceso». Un abrazo!!!
BALANCE HUMANO DE 2014 (II)
En relación al conflicto armado los colombianos tenemos dudas. Decía Marx que «La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos», y ello cae como anillo al dedo a nuestro país. La gran mayoría queremos la Paz pero tantos años de violencia nos pesan. Si Santos cede mucho a la guerrilla – así teóricamente sea en favor del «pueblo» – el uribismo se fortalece. Si no cede mayor cosa, la insurgencia se echará atrás, lo que beneficia a quienes viven de la guerra. Entre más se envalentone la guerrilla en la mesa o en el monte, menos apoyo popular va a obtener. La dirigencia guerrillera todavía no entiende que su mayor fortaleza sería mostrarse arrepentida de haberse dejado degradar, ser consciente de sus errores – posiblemente forzados y provocados por la guerra sucia -, y ser humilde frente al pueblo (no tanto frente a las clases dominantes), poniéndose al servicio de la salida negociada sin mayores pretensiones.
El Nuevo Proyecto Político que empieza a emerger no puede «cargar con los muertos de la guerrilla». No podemos desconocer las causas que originaron el conflicto armado pero tampoco tenemos que asumir errores que no son nuestros. Por ello tiene que haber una importante distancia con los actores armados e incluso con sus cercanos. Sólo una fuerza democrática que, siendo consciente de nuestra tragedia no compre ni herede los resentimientos y odios, podrá avanzar y desbrozar el camino de la reconciliación hacia el futuro. La juventud citadina será fundamental en ese proceso. El arrepentimiento sincero y el perdón auténtico serán las herramientas para lograrlo, pero ello seguro nos llevará décadas. Hay que empezar!!



