¿Qué hay detrás de la profanación de tumbas?


Un nuevo caso de profanación de tumbas se presentó en el cementerio de Puerto Tejada cuando en un hecho tenebroso y macabro, desconocidos sustrajeron el féretro que contenía los despojos mortales de Fabio Andrés Banguero Mina, de 30 años, asesinado el primer día del 2015 en el parque principal, lo rociaron con un combustible e incineraron.
Una perversa y diabólica escena que tiene aún indignados a muchos habitantes de Puerto Tejada que no se explican cómo se puede llegar a cometer semejante hecho en la tumba número 105 de alguien que se supone en su cuerpo al menos merece yacer el sueño de los justos en paz.
Esta espeluznante y macabra acción vandálica no deja de ser otro problema de seguridad ciudadana e irrespeto para con un camposanto, que además de ser un comportamiento delictivo es también es un reprochable hecho de vandalismo originado muchas veces por la ignorancia y acoso de los comportamientos satánicos infundados por las prácticas de brujería que suelen darse en poblaciones como Puerto Tejada.
¿Pero qué hay realmente detrás de la profanación y el mancillamiento en la última morada de los difuntos?
Al respecto el párroco del Templo La Inmaculada Concepción de Puerto Tejada, sacerdote diocesano Ever Claudio Marín García explica que “un cadáver es el despojo mortal de la persona difunta, cuya vida espiritual pasa a existir en el destino que Dios le conceda, más allá de nuestro conocimiento y de nuestra libertad humana”. “Con las exequias eclesiásticas, la Iglesia obtiene para los difuntos la ayuda espiritual divina, consuela a sus deudos y honra los cuerpos como ‘templos’ terrenales del espíritu humano y, por la verdadera fe, templos del Espíritu Santo de Dios”.
El padre Marín García, quien ha sido el gestor de la remodelación y mejoramiento del único camposanto de Puerto Tejada, ya que el cementerio laico en el barrio El Hipódromo debió cerrarse por inseguridad hace ya cinco años, precisó que “profanar los cementerios, un cadáver o un acto de exequias, es una injuria grave y escandalosa contra lo sagrado, que pone de manifiesto la perversidad en la que puede caer una persona o, más gravemente aún, un grupo o una ‘auto-organización’ de grupos marginales, excluidos y desbordados dentro de una sociedad que descuida así a sectores vulnerables de su población”.
Este acto de necro-sadismo que buscó la destrucción de un cadáver demostró que las prácticas satánicas que le rinden culto al “Dios de las tinieblas y el mal” es un comportamiento que también sigue profundamente enquistado en un colectivo que actúa bajo los cánones del maligno y mentes perturbadas.
Afrenta a la sociedad
La violencia sobre un cadáver en el cementerio es una bofetada espantosa a toda la sociedad, que debe llamar la atención no solamente a las autoridades, sino a toda la sociedad portejadeña en su conjunto si se quiere acabar con el “virus” de la violencia algún día.
La profanación de tumbas además de ser obviamente un delito, tiene una fuerte connotación de ofensa religiosa. Las células satánicas buscan burlarse del significado que el catolicismo y el cristianismo le dan a la muerte y los restos humanos.
De otra parte un fiscal asegura que en la actualidad el Cauca es el departamento con más auge de satanismo en Colombia, entre otras manifestaciones, hostigado por el clima de violencia que vive la nación, y el narcotráfico está correlacionado estrechamente con grupos satánicos; se efectúan ritos diabólicos en los que usualmente se sacrifica una víctima para asegurar el arribo de la droga a su destino final.
Se cree que el diablo -como contraprestación a las víctimas inmoladas en su honor- garantiza que la droga no sea incautada por las autoridades de vigilancia y control; es así como se justifica que los mercados de consumo en el mundo permanezcan todo el tiempo surtidos de alcaloides.
Asistimos pues, a una especia del renacer del satanismo y su indudable consolidación en estos tiempos es un fenómeno de alienación en la sociedad consumista y sin valores y principios.
Nuestra cultura está aireada por los sugestivos efluvios del más allá. El hombre por más que trate de romper esas ataduras no lo conseguirá si no vuelve al Dios de la Vida. La lucha es entre legiones y potestades, los escabrosos carteles del satanismo cuentan con el aval de un director invisible empleando los instrumentos de tortura y de muerte que los humanos inventan y producen por él.
Porque lo que se está viviendo en Puerto Tejada con tanta violencia e irrespeto por la dignidad humana y sus postrimerías fúnebres, está demostrando que el infierno es la sociedad, el mundo, la humanidad que configuramos.




