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Que a la izquierda colombiana no le pase lo de la izquierda boliviana

Que a la izquierda colombiana no le pase lo de la izquierda boliviana

Stella Ramírez Granobles

Las recientes elecciones en Bolivia dejaron una lección dolorosa: la izquierda perdió no porque la derecha tuviera un proyecto sólido, sino porque las divisiones internas y los egos le pasaron factura.

Cuando las fuerzas que debían caminar juntas se fragmentaron en pequeñas candidaturas, el resultado fue evidente: la derecha supo aprovechar la fractura para atacar y recuperar el poder.

Ese espejo debe alertarnos.

La derecha nunca descansa, y le apuesta recuperar el poder, no perdona que el pueblo se haya levantado.

Sabe que la unidad popular es su mayor amenaza, y por eso siempre buscará sembrar división, -estimular egos- y, explotar fragilidades.

Hoy, en Colombia, la historia amenaza con repetirse. Los medios hegemónicos fabrican el relato del caos, las cortes bloquean reformas legítimas y desde el Congreso se conspira como si la democracia fuera un simple contrato que puede desconocerse. Lo que no lograron en las urnas lo buscan con intrigas, titulares y sentencias amañadas.

Pero también hay un riesgo interno: a muchos en la izquierda se les despertó la vena presidencial, y no todos son presidenciables.

Es legítimo soñar con dirigir un país; lo que no es legítimo es permitir que la ambición personal debilite un proyecto colectivo.

Si cada cual piensa en su propio camino y no en el mandato popular, la historia se repetirá. Y esta vez no será por la fuerza del enemigo, sino por la fragilidad interna del movimiento.

Que a la izquierda colombiana no le pase lo de la izquierda boliviana
Imagen: https://www.lanacion.com.ar/

Este llamado va directo a quienes hoy tienen responsabilidades históricas: Gustavo Bolívar —a quien la votación no le favoreció para ganar la Alcaldía de Bogotá—, María José Pizarro, Gloria Flores, Clara López, Daniel Quintero —a quien además de la aspiración también le activaron el “arte” de dividir si el escogido no es él—

Y tantos otros que orbitan con ambiciones legítimas, pero que no son presidenciables, al menos no por ahora.

La pregunta es si estarán a la altura de la historia o si permitirán que la ambición los divida, convirtiéndose —sin quererlo— en aliados de la derecha que dicen combatir.

En este panorama de riesgos y oportunidades, es necesario destacar a quienes representan madurez política y coherencia: la llegada de Iván Cepeda como presidenciable es un hito que muestra que la izquierda tiene cuadros con trayectoria, solvencia ética y capacidad de diálogo para liderar. Y en el mismo sentido, la figura de Carolina Corcho es indispensable: una mujer que, desde la salud y la defensa de lo público, encarna la fuerza transformadora del cambio, esa que no negocia principios ni se arrodilla ante los poderosos.

Que a la izquierda colombiana no le pase lo de la izquierda boliviana.

Que no se repita la historia de la división que abre las puertas al contrario.

Que no se confunda la ambición personal con el mandato colectivo.

La unidad no es una opción retórica, es una necesidad histórica. Y si se rompe, no será la derecha la única responsable: será también la izquierda la que habrá traicionado la confianza de millones que votaron por el cambio.


La imagen destacada es utilizada únicamente con fines informativos y de ilustración, sin ánimo de lucro ni propósito comercial. Todos los derechos corresponden a su autor o titular.
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