Preocupa Quilichao


Nuevamente aquí. Muy preocupado por la falta de movilidad en nuestro municipio y lo peor la autoridad por ninguna parte. Andenes colmados de vendedores ambulantes algunos se dan el lujo de ofrecer asientos para degustar sus productos como dueños de calles y espacios de la gente. Ser propietario de negocios es malo pues no se tienen garantías para que se respeten tus espacios, en parte porque el gobierno te lo prohíbe y estás sometido a que un vendedor ambulante a su antojo te marque, total a ellos les entregaron las calles. La administración municipal solo se interesa en que los impuestos sean cancelados a tiempo y que tu catastro y licencias permanezcan al día, algunas con pago adelantado según la reforma a la que te quieran someter. Ya no conoces al alcalde pues los sistemas de seguridad no le permiten caminar por sus calles, solo la recorren en carros con altos estándares de seguridad. La ciudad sale de su mente, pues las obras a realizar ceden y son de primera parquedad a sus intereses personales. Desde administraciones anteriores las calles dejaron de pertenecer a la gente pues a alguien se le ocurrió demarcar los espacios con pintura cara y de buena calidad para que esos lugares nunca más fueran de la multitud y perdiéramos un patrimonio del cual nos sentíamos orgullosos. Los mercados no volvieron a ser iguales, perdimos donde caminar, donde disfrutar, donde saludar, los amigos, en fin…
Con estos espacios demarcados y ocupados se dio vía libre al caos y la confusión, los negocios se apoderaron de las calles y donde caminar dejó de ser importante, personajes de mala reputación llegaron, ocuparon espacios y meses después los negociaron a precios onerosos con el beneplácito de la dirección municipal, nuestros lugares antes de 8 metros se redujeron escasamente a uno, se llenaron de carretas de madera que transportan las remesas y se encargaron de fracturar y lesionar muchas piernas y volver al mercado se volvió una odisea, una carrera a la valentía.
Muchas de nuestras madres y ancianos no retornaron a la plaza pues el miedo los colmó, el miedo es personal y no tiene representante, menos en la política o en la vía pública. Después llegaron las motos, dicen que 20.000 en Santander de Quilichao y caminar en esos pequeños espacios se convirtió en una odisea. La ocupación de las esquinas por parte de los domiciliarios pasó a ser la tapa de la olla, ya habíamos perdido 12 calles por donde transitar, hoy en día más de 30 esquinas de la ciudad dejaron de pertenecernos, increíble son de ellos y la policía y autoridades bien muchas gracias. Hacendados, heladeros, pajaritos, pelo de perro, ingenieros, ahora personeros han pasado por allí, por la dirección de nuestro terruño pero no pasa nada, la gente que se joda, total los alcaldes los nombramos para otras cosas, menos para que piensen en el bienestar de la gente, la galería es zona de guerra, espacio vedado, allí solo el más fuerte sobrevive.

Los impuestos que se pagan por el uso del espacio público nadie sabe a dónde van a parar, es poco lo que entra a las rentas públicas y lógico revertir en obras es imposible, la mayoría del dinero se desvía a bolsillos de recaudadores. Esta es nuestra galería, nuestro espacio público, de nosotros, de la ciudad, de nuestros coterráneos, de nuestros turistas, de la gente que nos visita día a día, cuando lo podremos recuperar, desde la administración del heladero nos propusieron recuperarla con la construcción de una nueva galería en las afueras de la ciudad para desocupar el centro de la ciudad, a un costo de 4.500 millones de pesos, después pasó a 16.000 y hoy, 16 años después, tendríamos que hablar de un costo de más de 35.000 millones de pesos. Un hueso duro de roer, un costo difícil de afrontar, más teniendo en cuenta el déficit del municipio nada halagador, situación complicada en medio de tantas dificultades. Los recursos saldrían del acervo municipal pues la empresa privada no le jalaría a tan costoso proyecto.
Nos resta llorar, lamentarnos, pensar en los que tuvimos y cortejábamos tanto y se nos fue de las manos, paso al progreso le llaman ahora, a la modernidad. Las familias tradicionales salieron de sus casas a cualquier costo buscando su tranquilidad pues vivir allí se volvió imposible, todos los días desde las 11 de la noche con la llegada de carretas de tracción animal, empieza el mercado del día siguiente.
Hoy el centro de nuestro querido Quilichao pertenece no a la tradición de familias quilichagüeñas, sino a personajes llegados de otros lugares que buscan invertir su dinero, no importa de donde venga ni su buena o mala procedencia, solo buscan invertir y que mejor que llegar a una región con tanto aprieto y anarquía. La llegada de las bacrim, la minería ilegal y otros menesteres nada bueno le aportan a la ciudad, falta un grito en común de los residentes para recuperar lo perdido, un basta ya, que nos tomemos de las manos y exijamos la vida que nos merecemos.
Cuando era un muchacho mi amigo Juan Carlos Suso decía:
“Vivir en Quilichao no es vida, es un vidononón”.



