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Domingo, 4 de octubre de 2026
viernes 5 junio, 2009 a las 7:02 am

Precio de la gasolina no debe bajar

Por: Fabio Arévalo Rosero

Contrario a la creencia popular que nos han vendido, la gasolina subsidiada tiene efectos desastrosos para el desarrollo y la calidad de vida. Un combustible barato solo favorece a una minoría privilegiada. La mayoría solo se beneficia con servicio público justo. equitativo y transporte de carga de bajo costo.

Me deslindo del “coro de ángeles”, incluyendo a “arcángeles” como el Contralor General y otras personalidades, que exigen reducir el precio de la gasolina. Aunque me exponga a un cuestionamiento lapidario, es esencial revisar la otra realidad que parece muchos no quieren ver. Nada que ver con el criterio del gobierno que recibe una andanada diaria por cuenta de una asombrosa unidad. Es la unanimidad de una minoría poderosa y motorizada con más voz que votos. Pero el precio de los combustibles no debe bajar.

No es cierto que Colombia tenga una de las gasolinas más costosas del mundo. Está en un nivel intermedio y son más de 95 países con valores superiores entre ellos: República Dominicana, Chile, Barbados, Cuba, Uruguay, Paraguay, Costa Rica, Brasil, Perú, etc., por mencionar a vecinos (fuente GTZ – SUTP). Pero además en Eritrea, Islandia, Turquía y Noruega, el precio se duplica frente al nuestro. El país mantiene valores por debajo de cuatro dólares el galón (US$3.5). Las naciones más ricas y de elevado desarrollo humano, tienen gasolina costosa, por encima de cinco dólares el galón, entre ellas: Suecia, Francia, Suiza, Austria, Alemania, Italia, Finlandia, Bélgica, Inglaterra y Holanda. Allí los impuestos aplicados mejoran la calidad de vida de la gente.

El combustible más barato lo tienen Venezuela y los países árabes. Pero se encuentran costos bajos por cuenta de los subsidios en Nigeria, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Gabón, Vietnam, Afganistán, Angola, Indonesia, etc., estados con precario nivel de desarrollo. El experto Carlos Pardo, Director del Instituto de Políticas de Transporte para Colombia, explica que “si Indonesia, elimina el subsidio a la gasolina podría resolver su problema de educación”.

Contrario al criterio venezolano, que considera el subsidio como ayuda a los pobres, un estudio del mismo FMI demostró que los subsidios generan mayores inequidades en la población y los beneficiados son los estratos altos. Pardo asevera que “los países con mejor transporte tienen menores subsidios y mayores impuestos al combustible”. Algo que vuelve atractivo al sistema masivo de movilidad y desestimula al medio particular.

Quienes hoy exigen bajar el precio de la gasolina, la mayoría son dueños de carros particulares. Además tienen poder de opinión, son muy visibles y ejercen presión. Pero los que no tienen voz, al menos el 75 por ciento de la población, nunca tendrán posibilidad de disfrutar de auto propio. Son la mayoría excluida del espacio público por la congestión de una minoría, lo cual es inequitativo.

Una forma efectiva de calmar el tráfico motorizado es valorizando el combustible. La gasolina barata dispara el consumo estimulando el uso excesivo de autos; se aumenta el riesgo de accidentes con más lesionados y muertos. La congestión llega a niveles críticos, la contaminación se incrementa y la convivencia se traduce en violencia. Una gasolina preciada obliga a emplear racionalmente los automotores, y sus impuestos deberían generar mayor inversión social en los sectores más pobres.

La Agencia Internacional de Energía realizó un estudio que demostró que en Japón y Alemania, con precios altos de gasolina, fabrican automóviles con mejores niveles de eficiencia. Un asunto bien distinto es el transporte público y de carga que deben favorecerse. Los impuestos aplicados a la gasolina deben servir para reducir costos operacionales, para mejorar el sistema público, garantizar mejor seguridad vial, brindar rutas ciertas, fomentar el transporte no motorizado (caminar, uso de bicicleta), establecer subsidios de transporte para los estudiantes y la 3ª edad (el bonobús) y facilitar el transporte de carga.

Es preferible eliminar los subsidios a los autos particulares y reinvertirlos en estrategias que mejoren y abaraten el servicio público. Además establecer preferencias operativas para la movilización de mercancías. Imaginemos TransMilenio con el doble de capacidad y a mil pesos el viaje. Los beneficios llegarían a la mayoría con más productividad. De allí que el coro de ángeles debería velar más por intereses colectivos, que particulares. Es el mejor camino para la salvación… de la mayoría.

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