Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Jueves:
Popayán 5 y 6
Cali 5 y 6
Miércoles, 7 de octubre de 2026
sábado 24 marzo, 2018 a las 6:44 pm

Por primera vez, votaré en blanco

Tarjetón presidente 2018 primera vuelta
Por primera vez, votaré en blanco
Imagen de: https://wsr.registraduria.gov.co/

Por primera vez, votaré en blanco

No hay opciones en las presidenciales

Por primera vez, votaré en blanco
Otras publicaciones de este autor: http://bit.ly/2FZpvw2

Los colombianos reflexivos, conscientes, incluso, aplicados a la responsabilidad social del voto, no tienen opciones en este 2018 a la hora de elegir a quien va a comandar la nación desde el 7 de agosto en lo administrativo-político y en ejercicio de las facultades constitucionales en relación con la administración de justicia, el poder legislativo y la fuerza pública.

Muy sencillo: dadas las condiciones socioculturales de nuestro país, se puede afirmar que ya está listo el nominado. Las dos “elecciones” que faltan son un asunto de mero trámite. A las mayorías les toca hacer lo que dijeron ellos, los que los “mandan”.

En Colombia todo el mundo sabe que el próximo domingo 17 de junio los que votan para elegir presidente lo harán, candorosamente, por uno de los dos temerarios extremos que con sagacidad le implantaron a los electores, para aferrarse al poder solo uno de ellos. No hay opción.

Esa ‘polarización’ del pueblo, representada en los extremos de derecha e izquierda, como se autodenominan, con toda clase de mentiras y engaños suministrados por las partes, consiste en un pulso entre el falso peligro del ‘castrochavismo venezolanizador’ (¿qué tal las palabritas estas, ah?), que no existe, y un temible regreso a falsos positivos, chuzadas indiscriminadas de las comunicaciones privadas para gobernar sin oposición libre, cierre de medios y a la paramilitarización oficial del país, que es otro desvarío. Repito, no hay opción: ganará sólo uno de los extremos (verdad de Perogrullo), desnaturalizándose la finalidad del voto.

La gente no escogerá entre uno u otro proyecto colectivo de vida, entre una u otra propuesta para la implementación futurista de una sociedad más justa, reconstruida con base en la equidad y la igualdad como principios ético y político, contra la ratificación de unas relaciones socioeconómicas excluyentes y de sometimiento a la esclavitud siglo XXI que padecemos por la corrupción de los poderosos. ¡Qué va! Apenas, y eso es todo, se votará contra un peligroso opositor, extremista, con desaforadas ansias de poder. Y ganará, obviamente, uno de ellos, quien, entonces, se creerá ungido de autonomía mayoritaria para “eliminar” al antagonista y a quienes lo acompañaron en su aventura electoral y para consolidar su propio proyecto, excluyente, pero triunfante.

En consecuencia, en la primera vuelta, del 27 de mayo, voy a votar por el candidato del Partido Liberal. Por Humberto de la Calle Lombana. Me parece por su trayectoria política, administrativa, social, familiar, personal, intelectual y por sus reconocidos conocimientos sobre los asuntos públicos, por ser un liberal filosófico, no muy partidista pero sí un soñador de la paz pública, un estadista, como el aspirante con las mejores competencias para ser el próximo presidente de la República.

No me disgusta Fajardo, pero encuentro más méritos en De la Calle, para la urgencia palpitante que reclama el país.

Como de antemano se sabe que no les alcanzará para pasar a la segunda vuelta, el 17 de junio, obligadamente, por mis convicciones y ante la consulta extremista que deberá resolverse ése domingo, sumado a que desconfío de la legitimidad que pueda tener un presidente que llega así, como va a ocurrir, prácticamente por descarte, entonces tendré que marcar el voto en blanco por primera vez en mi vida, fantaseando por su significado, porque tampoco va a ganar, y para tener, a partir del lunes 18 de junio, una conciencia tranquila y con capacidad auténticamente libre para contribuir con el ejercicio de mi labor cotidiana a la construcción de una patria mejor para mis nietos y los de todos los colombianos.

Ojalá me equivoqué en la pesadilla que presiento para nuestra nación por cuenta de quien triunfará en ése pulso derecha-izquierda. Presumo que ganará “el que dijo Uribe” porque este pueblo se acomoda fácilmente al poder asistencialista y para eso se sube con desenvoltura al bus del probable ganador en su acostumbrado egoísmo, pero respeto, claro, aunque no comparto con quienes de verdad son ideólogos de la política que argumenta la necesidad de derechizar una nación.

Pero, sea quien fuere el próximo presidente de los colombianos ojalá, remacho, haga lo que pueda para reconstruir este país descuadernado institucionalmente y que por lo menos, trabaje para alcanzar la paz tan anhelada por cada uno de estos seres que seguimos emprendiendo por un mejor mañana para todos, incluyendo a los que se tuvieron que ubicar en los extremos de manera oportunista.