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Jueves, 1 de octubre de 2026

Periodismo bajo fuego: la amenaza que no cesa

Periodismo bajo fuego la amenaza que no cesa

Periodismo bajo fuego: la amenaza que no cesa

Alfonso Luna Geller

Como consecuencia de la ignorancia colectiva, que no es solo ausencia de saber, sino renuncia al pensamiento, una aniquilación sistemática y brutal es perpetrada por manos humanas sobre cuerpos, sueños y voces humanas.

El mundo, sin distinción de coordenadas o culturas, se asoma a un abismo de crueldad sin fronteras.

En cada esquina de la ciudad, en cada recodo del camino, en cada rincón del planeta, bajo cualquier bandera, credo o ideología, el ser humano es su propio verdugo. Inexorablemente, depredador de su propia especie.

Cuando la bala o el golpe no logra silenciar a la víctima, queda la amenaza, fría y latente, como sentencia de futuro. Una amenaza que se convierte en cruz, que debes cargar sin saber dónde y cuándo terminará el calvario.

No es solo en Ucrania o Gaza, ni en Irán donde se están matando los unos a los otros. No se limita al centro de Bogotá o a las calles de Medellín. La crueldad es un eco que resonó ayer en Cali, y hoy, sin duda, se manifiesta en tantos otros lugares cuyo nombre aún no ocupa los titulares.

Ayer fue en Cali.
Y no se trató de un político ni de un empresario.
Fue contra un periodista.
Contra la palabra libre.
Contra la voz que no se calla.

David Luna, gerente de Proclama del Pacífico, fue víctima de amenaza de muerte, hurto agravado e intimidación directa mientras se disponía a ejercer su oficio como periodista independiente. No fue una casualidad, fue una advertencia. Una línea roja fue cruzada y el periodismo volvió a ser blanco del miedo.

La denuncia formal fue radicada el sábado 28 de junio de 2025. El acto no fue menor: un sujeto armado, que se movilizaba en una moto de alto cilindraje, interceptó, amenazó y robó al periodista, llevándose no solo un celular —herramienta básica de trabajo— sino también información sensible relacionada con denuncias ciudadanas sobre corrupción, posibles redes criminales y funcionarios públicos implicados.

El delito tiene agravantes: no fue un hurto común, fue un ataque a la libertad de prensa. Las amenazas de muerte que acompañaron el acto evidencian que se trató de una represalia directa por el ejercicio informativo. La intimidación no solo fue física, sino simbólica: buscan silenciar a quien investiga, a quien denuncia, a quien da voz a los olvidados.

Corresponde a la Fiscalía General de la Nación, a la Policía Nacional y a la Unidad Nacional de Protección activar con inmediatez los mecanismos de protección. La Constitución Política de Colombia, en su artículo 20, garantiza la libertad de expresión y prohíbe toda forma de censura. Además, tratados internacionales como la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la CIDH obligan al Estado a proteger a los periodistas en riesgo.

Sin embargo, cada amenaza no atendida, cada fiscalía saturada, cada denuncia archivada, se convierte en complicidad silenciosa. ¿Cuántas veces más debe escribirse esta misma historia?

Un ataque dirigido al ejercicio periodístico

Repito, este no fue un episodio fortuito ni un robo común. Había llegado a Cali con el fin de cumplir una agenda periodística formal. En el momento del ataque, se dirigía al lanzamiento de la Unión de la Red Étnica de Medios del Pacífico, un evento estratégico para la libertad de prensa y la comunicación comunitaria en el suroccidente colombiano. El encuentro, que contó con la participación de RTVC bajo la dirección de Holman Morris, Alexa Valencia de la Red Étnica TV y otras figuras del periodismo independiente, era un acto de articulación y defensa del derecho a informar desde los territorios.

Por causa del ataque, el periodista David Luna no pudo asistir personalmente, y en su representación acudió el comunicador Bladimir Vidal Agrono, coordinador de Proclama del Pacífico en la ciudad de Cali.

El hecho de que se conociera públicamente su participación en el evento, y que el dispositivo móvil sustraído contenía información crítica de denuncias ciudadanas y fuentes reservadas, sugiere una acción deliberada, probablemente con seguimiento previo, y evidencia que la violencia ejercida fue contra el periodismo mismo, no solo contra una persona.

El periodismo que incomoda y que no calla

En Proclama del Pacífico no nos mueve el miedo, nos mueve la verdad. Somos un medio que nació en la periferia para visibilizar lo que otros silencian: el abuso de poder, la corrupción, la violencia estructural. Por eso nos amenazan. Por eso intentan robarnos no solo equipos, sino también la dignidad.

No pedimos privilegios. Exigimos garantías. Porque ejercer el periodismo en Colombia no debería ser un acto de valentía, sino de ciudadanía.

Llamado a la sociedad y a las autoridades

Hoy, desde esta tribuna, no solo denunciamos. Convocamos. A los colegas, a las organizaciones defensoras de derechos humanos, a la prensa nacional e internacional, a la ciudadanía entera: no normalicemos la amenaza, no permitamos el silenciamiento.

A las autoridades: respondan. Protejan. Investiguen. Porque cada periodista que calla por miedo, es una página de la democracia que se arranca.



Imagen destacada creada por: https://www.seaart.ai/es/

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Alfonso J Luna Geller
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One comment

  • Elizabeth Pérez

    lunes 30 junio, 2025 a las 5:42 pm at 5:42 pm

    Apreciado colega Alfonso Luna. Leo con profunda preocupación la amenaza contra su vida, el robo de su celular, bajo amenaza con arma de fuego y los hechos que relatas en esta acertada editorial. El llamado que haces para que respondan las autoridades debe ser atendido con prontitud y eficacia, para garantizar así, no solo la vida de tu hijo David Luna, sino el derecho ciudadano a informar y estar informado, derecho consagrado en la Constitución y en normas internacionales que el Estado colombiano está en la obligación de cumplir. Con solidaridad y aprecio.

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