Pedigüeños de todos los pelambres culturales, desuníos

Phánor Terán desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó
Marzo 13 de 2.013
Ni siquiera porque el reglamento de los Consejos Municipales de Cultura, faculta para que la mayoría, de común acuerdo, solicite su reunión, los llamados representantes culturales se pellizcan para mostrar algún interés por los asuntos culturales de la comarca, de la región, de sus propios intereses.
Parece que únicamente están allí por la creencia de que ese lugar les da preeminencia a la hora de poner la escudilla, de estirar el sombrero. Así que si ello fuera verdad se trataría entonces, de otra cola más de lagartos.
Tal vez les asiste la ignorancia sobre ese derecho. Y no está por demás creer que sea así. Porque lo que llaman líderes culturales o gestores, no han comprendido el abc de la ley cultural. El abc de la vida cultural de las localidades.
Tal vez, del verbo quién sabe, los líderes temen confrontar los alcaldes exigiendo que un organismo de esa categoría debe funcionar para ir construyendo paso a paso, la necesaria política en pro de la cultura, de las artes, de la estima y preservación del patrimonio cultural.
Confrontar, exigir, digamos, respetuosamente, que se cumpla la ley no es un delito. Es un derecho que les asiste a los ciudadanos. Si los líderes son tan temerosos, que diremos de la población, del ciudadano de a pie.
Los consejos municipales, no son y nadie se puede llamar a mientes, organismos de administración. Son foros, ante todo, para construir el pensamiento cultural local, para educar a los mismos artistas y cultores, para ampliar la visión de los ciudadanos sobre la importancia de la vida cultural, de las expresiones artísticas, en la conformación de nuestras localidades.
Solo cuando la sociedad se ve con el agua al cuello se acuerda de que los elementos culturales, artísticos son instrumentos para rescatar el norte perdido en nuestras generaciones, para robustecer una ética posible para la convivencia y el respeto ciudadano, para fortalecer el código del buen gobierno.



