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domingo 6 mayo, 2012 a las 8:44 pm


PACTO DE PRECIOS…Y DE SALARIOS

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Colombiano

El flamante Germán Vargas lleras, nuevo Ministro de Vivienda, Ciudad y Territorio, título más para un emperador que para un ministerio, instó a los constructores a que formen un frente común con el Estado para poder cumplir con la oferta que ha hecho el Presidente Santos de 100 mil casas gratis para familias en extrema pobreza. Al principio se lanzó la especie de que se entregarían en dos años y luego se dijo que en julio del 2013.

No puede ser que los millares de familias que viven en tugurios de invasión, bajo techos de cartón, latas oxidadas y rodeados de escombros, se ilusionen, entren a una lista de espera como en los tiempos de paro de aeropuertos, y al fin la oferta se convierta en una pompa de jabón que hace ¡plop! en sus narices.

No es un presagio de ave de mal agüero. No. Ha ocurrido que se anuncian promesas a los indígenas, a los mamos en Santa Marta, en Santurbán, a los damnificados de Bogotá, de la Costa, de La Virginia, de Honda, en Barranquilla y luego de dos años, la gente diga que el gobierno no envió los recursos o que las palabras se pudrieron en un hangar.

Uno entiende que el Estado hoy ha dejado atrás el modelo de “Estado de bienestar”, por uno de “Estado de prosperidad”. El primero ayudaba mucho y mermaba la responsabilidad personal y la de toda la sociedad. El segundo anuncia que va a ayudar y no aparecen al final los fondos. El gobierno sale a decir que no le alcanza la plata sino para pagar el gasto público y que no es sostenible ayudar al pueblo-pueblo. En eso ha quedado la etiqueta que llevan todos los mensajes de la tal prosperidad.

Lo que dice ahora Vargas Lleras por fin tiene un viso de sinceridad. ¿Dónde se están escondiendo los gremios económicos cargados de plata como los mulos de Pizarro en la Colonia? Ellos ganan cuantiosas utilidades con los recursos que sacan del suelo de la patria y del trabajo de los asalariados y los guardan fuera del país. Lejos de la mirada y del uso de los colombianos. No hay responsabilidad social por ningún lado. Las tales fundacionesde algunas firmas, son fachada para librarse de impuestos y favorecerse de otras concesiones.

Los constructores que utilizan maderas de nuestras selvas – que se están talando -, hierro barato, cemento a mejores precios de sus proveedores deben salir de sus consorcios y de su populoso imperio a contribuir en sacar de la pobreza a tantas familias que no tienen donde guarecerse. Ellas viven como perros callejeros y aves carroñeras a la caza de alguna sobra que encuentren al lado de donde duermen, para ellos y sus hijos.

Lo mismo debe hacer el Ministro de Trabajo que funge a nombre del “gran partido liberal”. Durante la campaña habló algo. Pero ahora que tiene poder, luce callado. Ya lo viera Gaitán decir u oír que es liberal, defensor de los pobres y descamisados. El poder y una cartera hacen cambiar de color y voz para acomodarse al statu quo. Se espantaría y rabiaría de la sorpresa por ver cómo tolera y camina lento viendo la multitud de tercerías que roban los salarios de los obreros del país en las Cooperativas de trabajo y las bolsas de empleo. Quienes salen de una universidad, por su salario se han convertido en obreros rasos en este Estado de Prosperidad con locomotoras de papel en invierno.

También el descolorido Rodrigo Pardo tendría que pedirle un pacto de caballeros a los empleadores que den la cara y no se escondan tras terceros para librarse de pagar salarios justos y decentes. Que no se queden con el pan y pedazo en bancos, clubes y resorts y jets.

Si se dieran estos dos pactos se equilibraría en algo la sociedad para empezar a dar la dimensión de un gobierno de prosperidad.

05-05-12 – 9:58 a.m.

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