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Viernes, 2 de octubre de 2026

Ocurrió en Agustín Codazzi

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Ocurrió en Agustín Codazzi
Ocurrió en Agustín Codazzi
Foto: Verdad Abierta

Ocurrió en Agustín Codazzi

Donaldo Mendoza

    En efecto, ocurrió en Codazzi (Cesar), y la fuente para este artículo es El Pilón (22/09/2024) de Valledupar. En enero de este año, el senador y hoy director del Departamento de Prosperidad Social, Gustavo Bolívar, asistió en la finca El Toro, vereda Iberia, a la entrega de esa hacienda de 700 hectáreas (comprada por Presidencia) a cuarenta familias desplazadas. Mientras transcurría la programación de la adjudicación oficial de la tierra, una niña se acercó a Bolívar para pedirle que les pusieran una escuela en El Toro, y le explicó: “Porque para ir hoy a la escuela debemos caminar 12 kilómetros de ida y 12 de venida…”

    Tocado en su sensibilidad social, el director de la DPS preguntó si se podía construir la escuela en poco tiempo; otro funcionario, más informado, le dijo que sí, pero con la dificultad de que ese rubro no está en el presupuesto de 2024; y si estuviese, el trámite para ejecutar el proyecto sería demorado y probablemente con sobrecostos… Ante esa mula muerta atravesada en el camino, Bolívar le propuso al alcalde de Codazzi, Hernán Baquero Rodríguez, que el Municipio pusiera la placa de concreto, “para yo poner sobre ella la escuela”, y empezaron a trabajar…

    En consecuencia, con ecoladrillos de plástico reciclado y estructura metálica, una empresa de Bogotá se comprometió a fabricar la escuela en un mes e instalarla en diez días. Como en efecto ocurrió. Fue llevada en una tractomula hasta Codazzi. En la inauguración, la comunidad alborozada vio la escuela, con dos salones y dos baños para treinta niños, y una casa pequeña con baño para el profesor.

    El proceso completo duró cuatro meses. Y aquí viene un dato relevante: la construcción fue pagada con los seis primeros sueldos del director de la DPS, y la Secretaría de Educación del Cesar puso los pupitres. Sin el estorbo de las ideologías, los funcionarios que participaron en el proyecto trabajaron todos a una, a fin de cumplirles el sueño a los niños de El Toro, aparte de robustecer la dignidad de la comunidad.

    La noticia cobra un significativo valor en el contexto político del momento. Justo cuando los diálogos con el ELN se rompen, después de los recientes atentados de esa guerrilla. Y lleva un mensaje: no importan las ideologías cuando las personas, con actitud de liderazgo, se ponen de acuerdo para servir a las comunidades más vulnerables. En efecto, si el ELN (y demás grupos armados) levanta la bandera de la liberación y la justicia social como su razón de ser, debería aprovechar hechos como el que se acaba de exponer para darle cumplimiento a la utopía soñada por el padre Camilo Torres y otros sacerdotes fundadores. Ahí está el ejemplo de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, semilla que germinó en suelo fértil y ya da frutos en proyectos productivos. Colombia –en particular sus campesinos– ha sufrido demasiado con esta guerra ya centenaria. Una nueva escuela, una nueva historia, un nuevo amanecer…

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Donaldo Mendoza

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