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Sábado, 17 de octubre de 2026

Firmeza o debilidad

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Sebastián Silva-Iragorri

Nada caracteriza más a los seres humanos que su actitud ante las diversas circunstancias de la vida, y en ello comprendemos a la vida familiar, social, política, económica, espiritual, mental, sentimental y a todas las demás expresiones de la existencia.
Si nos circunscribimos al plano político, no es la ideología o las tesis o los programas que decimos profesar lo que delata nuestra conducta; es nuestra actitud frente a los problemas en el manejo del Estado y de las sociedades en donde descubrimos nuestra real y auténtica manera de ser.
En la declaración de principios o en la presentación de programas puede aparecer mucha retórica, en especial en campañas políticas, pero la realidad de lo exhibido y pregonado se demuestra con la actitud cuando estamos al frente de las decisiones y con el poder de escoger, seleccionar, diseñar, proyectar y ejecutar.
El poder puede desviar los propósitos cuando se convalidan ambiciones o se desvían los caminos iniciales para continuar con rutas personales. Pero el poder, cuando se asume con integridad y realismo, nos puede convertir en formidables realizadores de políticas y en líderes con la entereza y la actitud necesarias ante cada eventualidad enfrentada. Esto hace la diferencia.
Cómo no distinguir conductas, en especial de nuestros gobernantes, cuando ante problemas parecidos toman determinaciones esenciales muy distintas. Lo grave es cuando no se toman decisiones con la intención de que esos problemas se dilaten, porque en el fondo avistamos beneficios políticos presentes y futuros en su permanencia.
Eso parece ser lo que siempre ha ocurrido en la vida de los pueblos cuando se manejan sus problemas con populismo ideológico. Se presentan primero disputas por ideas para obtener el poder, pero una vez obtenido, se empieza a conocer el verdadero talante del que obtuvo ese poder y tiene que desarrollarlo.
La inercia o la inmovilidad pueden crear graves situaciones y favorecer condiciones perversas hacia el futuro por intereses partidistas y de votos por encima de cualquier beneficio social.
Nos preguntamos: ¿Cómo se dejaron crecer las plantaciones de coca para uso ilícito hasta alarmantes proporciones sin actuar en dirección alguna? ¿Por qué tanta debilidad para asumir responsabilidades en la ejecución de políticas? ¿Por qué tanta retórica y explicaciones sin actuación diferente al inmovilismo? ¿Qué se buscaba con semejante omisión en la lucha contra los cultivos de uso ilícito que alimentan el negocio del narcotráfico?
Sigamos: ¿Qué tal el inmovilismo contra grupos armados ilegales, que se hacía intencionalmente, permitiendo ocupación de territorios para lograr luego forzar desde allí votaciones y resultados favorables?
Los anteriores interrogantes nos llevan a analizar conductas distintas: unas que se presentan con actitudes de realismo y valor y se enfrentan a los problemas entrando de lleno a resolverlos, con gestos en muchos casos simbólicos, pero dicientes, porque demuestran resolución e impacto frente a problemas y dificultades; otras que se manifiestan con la retórica tradicional y sin respuestas efectivas ni resultados palpables.
Creo que uno de los liderazgos más definitivos en este camino de actitudes viene del carácter y el valor del presidente Trump en EEUU, que ha logrado contagiar prácticamente a toda América, pues ahora ganan elecciones quienes exhiben autoridad, orden y ley y demuestran decisión y valentía en sus actuaciones.
Pienso que allí, más que en discusiones ideológicas y filosóficas, esta hoy la disputa por el poder en el mundo: Firmeza o debilidad, retórica o actitudes con resultados.
Colombia ha ingresado, después de 4 años de inmovilidad, omisiones y corrupción, a la era de la firmeza, la integridad y el valor. Hay mucha literatura, larga y fatigosa, criticando, pero bastaría con preguntar: ¿Por qué no hicieron lo que ahora predican si tuvieron 4 años continuos de poder?
Actualmente nadie se deja descrestar y por eso las grandes mayorías, en toda América incluyendo Colombia, favorecen la firmeza y las actitudes construidas con valor para que la libertad se sustente en el orden y en la autoridad.
Esa es la verdad y está siendo refrendada hoy en el mundo entero; lo demás seguirá siendo literatura ideológica improvisada, sin mayor trascendencia.


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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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