Nueva Babel en siete goteras

A pocos días de posesionarse la nueva ministra de educación en Colombia, Gina Parody, tuvimos que expresarle, atentamente, nuestra inconformidad por la política educativa que ha venido operando en contravía de lo que promulgan la Constitución Política de Colombia, la Ley General de la Educación, la serie de lineamientos de Cátedra de Estudios Afrocolombianos, entre otros documentos. La protesta pública, del mes de octubre del año en curso, mostró que para potenciar la educación en todos los niveles de escolaridad se requiere de varias perspectivas, teniendo en cuenta que educar es un proceso y no un procedimiento.
Erradamente se ha pensado que calidad es sinónimo de cantidad; pongamos por caso, la tasa técnica define la gestión de los directivos, el número de estudiantes en nivel superior precisa la calidad del maestro o la maestra, la evaluación de competencias, da cuenta de la apropiación de los conocimientos disciplinares desconociendo que cada persona es un ser complejo que requiere de mucho tiempo para asimilar su proceso educativo sumado al político, religioso, social, ético, artístico, filosófico, entre otros y que no solamente la escuela es el único espacio que propicia estos aprendizajes.
Es cierto que la evaluación es un mecanismo de medición importante en cualquier proyecto que se lleve a cabo, acompañada de otros. Claramente preguntarse el por qué, el para qué, los objetivos, las metodología, los espacios, los recursos, pero especialmente, cuál problema se va a resolver, son partes de un todo que merecen dedicarles un tiempo prudencial para ver reflejada no sólo la armonía necesaria entre ellos sino el impacto sobre el comportamiento del grupo social sobre el que se esté ejecutando.
Así las cosas, la gotera número uno aduce al ascenso y la reubicación salarial para los maestros y maestras del decreto 1278 de 2002 convirtiéndose en un desafío en tanto siga siendo un banco de arena. La atención en salud muestra que la oferta es inferior a la demanda generando grandes dificultades en el goce de este derecho.
La número tres está referida a la calidad educativa que no ha sido posible lograr por diversas causas que merecen toda nuestra atención en aras de proporcionar motivos para convivir en la escuela. La Cátedra de Estudios Afrocolombianos, posicionada en el número cuatro que a 13 años de su creación no ha tenido el respaldo suficiente de este ministerio. Ello contribuiría a disminuir los índices de violencia e invalidaría la presencia de muchas otras propuestas.
En cuanto a las condiciones básicas entendidas como alimentación, transporte, infraestructura y tecnología inexistentes en muchas de nuestras escuelas, hacen dificultosa la labor pedagógica, lo que forja su ubicación en el lugar número cinco. El currículo único desconoce el decreto 804 de 1995 y cierra este conjunto de siete elementos, la jornada única para reforzar las áreas que presentan los más bajos resultados en la evaluación de aprendizajes sumadas a la nueva educación financiera cuyo objetivo, dicen, es ganarse una decorosa posición en las pruebas PISA.
Lo anterior me lleva a preguntarme cuánto tiempo necesitaremos para ver y sentir los frutos de una negociación que empezó hace más de dos años y en la que han participado distintos actores presenciales.




