No se preocupe, todo esto es normal….


El martes 17 de septiembre, en horas de la tarde, recibí una llamada al teléfono fijo de Proclama del Cauca, de una persona joven, por el tono de su voz, que se identificó plenamente como un sobrino mío que vive en Estados Unidos. Me dijo que recién llegado al aeropuerto Eldorado lo recibió un amigo para conducirlo a algún sitio adonde necesitaba desplazarse para reclamar unos documentos sobre su permanencia en el país extranjero, pero que saliendo en el carro, habían sido detenidos por la Policía porque su acompañante portaba ilegalmente una pistola de uso privativo de las Fuerzas militares. Llorando, me pidió que le ayudara porque estaban a punto de ser judicializados y que ya lo habían amenazado con ir a parar a la cárcel de inmediato.
“Pero, mijo, y su mamá qué sabe de esto…” “No tío, esto acaba de ocurrir, y para ella sería una tragedia saber que me tuve que venir para Colombia por problemas de inmigración… no puede saberlo… le daría un infarto… Ayúdeme, tío, el teniente comandante de esta patrulla está dispuesto a tranzar este grave asunto… Por favor, tío, hable usted con él antes de que me lleven a la cárcel…”
Creado el sentimiento de culpa por la gran distancia que nos separaba, la urgente necesidad de ayudarlo, aterrado de que un caso de estos se pudiera negociar por teléfono, incrédulo de la corrupción a que pudiera llegar un oficial de la Policía, con deseos de trasladarle a mi hermana la situación pero sin traicionar el pedido de mi hipotético sobrino… lleno de sentimientos encontrados, accedí a escuchar al aparente teniente: “en estas circunstancias tan graves en que fue capturado su sobrino, yo le puedo ayudar…. si usted consigna antes de media hora tres millones de pesos a nombre de mi esposa, apunte… ¿tiene lapicero a mano? Sí, sí señor… Mi esposa se llama Sonia Patricia Tirado Cogollo, identificada con cédula 6360045, consigne el dinero en cualquier empresa de chance o de giros inmediatos y una vez recibida la plata dejamos libre a su sobrino… Recuerde, tiene media hora, término en el cual entregamos nuestro turno y su sobrino queda a disposición de la autoridad competente, ya tenemos la orden de reclusión…” pipipipi… Se acabó la primera llamada.
De inmediato llamé a mi hermana: “Hola, ¿cómo estás? Dime, qué sabes de mi sobrino, como que va para gringo del todo que se las pela… ¿No? ¿Qué has sabido de él hoy…? ¿Dónde está?” “Por qué me preguntas, tú sabes que estudia en los Estados Unidos… y está bien…” “Pero ¿sabes dónde está hoy?, llámalo rápido y me confirmas si está donde debe estar, antes de 20 minutos… Averígualo y cuando sepas me llamas, es muy urgente… después te digo el porqué de tanto apremio…” A los diez minutos me confirmó que el joven estudiante se encuentra radiante disfrutando de su preparación académica, de sus familiares y amigos en el país del norte… que estaba feliz y pidió que por favor, saludara a su tío Alfonso, que mucho lo aprecia…
Con esta información rápidamente llamé al comandante de la estación de Policía indicándole con detalles lo ocurrido. Casi ‘ipso facto’ envió a la oficina nuestra una patrulla del Gaula. Cumplido el plazo, timbró en mi móvil (también conocían mi número) uno desconocido, el número 3132370800, y presumiendo que eran los delincuentes quienes marcaban, se lo pasé al funcionario oficial para que fuera él quien contestara. Efectivamente, eran ellos… quienes al darse cuenta de su frustrado intento, se quejaron de la acción policial porque no podían “trabajar tranquilos”.
Al otro día madrugué a cumplir con el deber de poner en conocimiento estos hechos a la Fiscalía General de la Nación para lo de su competencia, a la oficina donde se reciben las denuncias en esta ciudad. “Vengo a poner una denuncia”… ¿Por qué motivo?… “Ayer tarde fui víctima de una extorsión…” ¿extorsión o estafa?… “No sé, no conozco la diferencia, no soy abogado…” Es que un delito es conciliable el otro no… “¿cómo hago yo para saber…? entonces ¿usted no me puede recibir la demanda?” No, debe trasladarse a la Casa de Justicia, eso al parecer no nos corresponde… En este diálogo apareció un señor que tal vez escuchaba la conversación, y tenía cara de fiscal… señorita, recíbale la denuncia por favor… Mientras tanto, llegaron otros del Gaula y la Sijin, “vea, señor, no se preocupe, hemos atendido en esta semana más de 20 casos idénticos al suyo, eso es normal, eso se llama estafa carcelaria, no se preocupe, no pasa nada…” Cómo así, pregunté, ¿es un nuevo deporte ya muy popularizado, no?” Con razón, pensé, ya he puesto varias denuncias inclusive por haber sido víctima de amenazas y simplemente se vuelven un trámite administrativo burocrático, para llenar anaqueles de papeles porque cosas tan normales y comunes no merecen ninguna investigación, nunca me volvieron a citar, ni siquiera para ampliar alguna de las varias demandas documentadas que he instaurado… Nada pasó.
“Usted, lo que debe es cuidarse, ser un periodista reconocido lo hace muy vulnerable, vaya con Dios, estas circunstancias como son tan normales, son muy difíciles de controlar, combatir o judicializar, ojalá no le pase lo mismo que ya ha ocurrido con otros periodistas en los últimos días en Popayán, que también han sido víctimas de la delincuencia, no se preocupe, no está solo a usted lo acompañan ya muchos ciudadanos atormentados cotidianamente, pero eso es lo normal… Qué más podemos hacer… es la realidad…” me dijo, más o menos, un compungido y caritativo empleado que me conoció cuando salía de esta casi inhumana gestión ante la entidad oficial… Concluí que esto que le ocurre al ciudadano corriente es algo mínimo, sin importancia para el servicio judicial que se realiza en este país… No hay quién investigue, ni quien prevenga, ni quien siente precedentes… la delincuencia se ejercita diariamente en el nuevo deporte nacional… Tranquilos, eso es absolutamente normal para la burocracia togada.



