NO MÁS DEBATES INSULSOS


Momentos difíciles atraviesa el Cauca, la mecha está que arde, dicen algunos. Otros, los más conformistas, dicen que siempre ha sido así y nada sobrenatural nos ha sucedido. ¿Cuál es la diferencia entre el Cauca de ayer y el Cauca de hoy? Para la mayoría: ninguna. Siempre han existido terratenientes, indios, negros y campesinos; hemos coexistido entre la pobreza y la miseria; el subdesarrollo, la incomunicación y violencia han sido pan de cada día; los cultivos ilícitos hacen parte de nuestra idiosincrasia; así hemos coexistido, aunque la mayoría de las veces agarrados de las mechas. En fin, nada parece haber cambiado. ¿Qué, entonces, nos hace suponer que las cosas serán distintas en el futuro? ¿Será acaso que llegó la hora de dejar a un lado el conformismo y prepararnos para exigir un cambio verdadero?
De otra parte, como para complementar el panorama, el país yace sumido en unas enormes dificultades estructurales que dificultan la gobernabilidad. La crisis de hoy debe convertirse en una magnífica oportunidad. Oportunidad ¿para qué?, se preguntarán algunos. Pues para salir de tanto embrollo: crisis en la justicia, la negociación de La Habana, el decrecimiento económico, los indicadores delincuenciales disparados, la incredulidad y desesperanza de la gente en su más alto grado, en fin, tantos hechos, que sumados unos con otros, parecieran no tocar fondo.
Y sí, los más optimistas, al menos, esperamos que los acuerdos de La Habana, se conviertan en un vigoroso catalizador y activen sin desenfreno la mente de los colombianos para enrutarnos en la construcción de una salida justa, ésa que reclaman ciudadanos, y que algunos politólogos han denominado el postconflicto. Y se escuchan voces, a favor y en contra, pero se escuchan voces y ese es el primer paso para buscar los acuerdos. Necesitamos más voces, más propuestas y más debates, sin duda el país lo necesita.
Pero en medio de ello, ¿qué esperanzas y oportunidades tiene el Cauca? Con urgencia nos compete posicionar en la agenda regional, es decir en la nuestra, los temas que nos afectan. No es posible que en nuestro departamento sucedan cosas como las que estamos viviendo en estos días: taponamiento de vías, toma de fincas, conflictos por la tierra, amenazas de las bacrim, campesinos enojados, propuestas segregacionistas y que todos sigamos tan campantes. No es justo que los debates del Cauca se produzcan fuera del Cauca, o que propuestas de algún despalomado causen más ruido por fuera que por dentro.
¿Dónde están los debates académicos y la gran contribución de, por ejemplo, la Universidad del Cauca, como centro de pensamiento? ¿Dónde están los cuarenta y dos alcaldes del departamento, dando luces y trazando caminos, juntos con el gobernador, para hallar salidas a la crisis? ¿Dónde está la expresión de los industriales, más allá de parecerse a una caja de pollos, todos piando por sus desventuras? ¿Dónde está la voz de los candidatos a la gobernación para iluminarnos con sus tesis sobre cómo abordar los problemas que hoy amenazan con destruir nuestra frágil coexistencia social? ¿Dónde existe o quién lidera una estrategia institucional que permita tramitar todas estas diferencias, sin causar perjuicios para todos?
¿Será acaso que requerimos que la nación asuma por nosotros el debate y las decisiones sobre el destino que nos merecemos? ¿Será acaso que tenemos miedo de enfrentar con valentía, pero con respeto por los demás, la defensa de nuestros propios intereses? ¿Será acaso que es mejor dejar en manos de las bacrim y criminales la solución a nuestros problemas? Me rehúso a creer que ese sea nuestro destino.
Ahora, que no me vengan con el cuento que el mejor candidato a la gobernación es fulano de tal por ser el más humilde, como si la humildad no fuera una obligación. O aquel otro, por ser el más honrado, como si la honra fuera una virtud exclusiva de unos pocos. Que no me vengan con el cuento, que a fulano no hay que apoyarlo porque lo patrocina Aurelio y al otro, tampoco, porque es de la cuerda del gobernador. El debate a los problemas del Cauca no puede reducirse ni mucho menos quedarse en tan frívolos debates o en el retorcido mundo de la mecánica electoral. Pésimo servicio le brindamos a nuestra débil democracia pretendiendo que a través de las campañas políticas se resuelvan las afugias económicas o burocráticas de unos pocos en detrimento de las soluciones reales de los problemas que nos aquejan a todos. En definitiva, no puede ser el mejor candidato quien más recursos económicos tenga, este criterio debe desaparecer para siempre de la cultura política caucana.
Con urgencia caucanos, necesitamos de caucanos hablando. Necesitamos líderes que conozcan, estudien y sientan como suyos los problemas de las gentes. Necesitamos caucanos que propongan soluciones y estrategias de intervención para darle salida al conflicto por la tierra, que se esfuercen en plantear propuestas para atender la fractura territorial de nuestro departamento; necesitamos caucanos que con su liderazgo convoquen al conjunto de nuestra sociedad para resolver las demandas de unos y de otros, sin necesidad de llegar a vías de hecho. Necesitamos hombres y mujeres que no sientan temor para abordar la crisis de la minería ilegal y de los cultivos ilícitos. En fin, necesitamos caucanos que propongan cómo construir la gobernabilidad en un territorio tan fracturado y disímil social y étnicamente como el nuestro. Necesitamos caucanos que demuestren liderazgo y en vez de incentivar la polarización, su sola voz contribuya a aclimatar la esperanza. Necesitamos caucanos que generen confianza para todos, para quienes vivimos dentro y para quienes están afuera. No más a debates insulsos.
Entonces, para empezar, señores candidatos a la gobernación, ¿qué opinan ustedes? Pero hablen, por favor, digan algo, esta campaña no puede continuar en silencio. Es vergonzoso.



