NO LO VAYAN A DEJAR MATAR / ¿ALÓ?

NO LO VAYAN A DEJAR MATAR
Crónica 1398 de Gardeazábal
https://youtu.be/2T6E1PUE8nE
En este país mataron a Sucre y a Obando, a Uribe Uribe y a Gaitán y a Galán y a muchos más. También mataron a Lara Bonilla y a Low Murtra por haber sido ministros de Justicia.
Las circunstancias por las cuales ejercer ese ministerio se ha complicado riesgosamente en los últimos años han sido precipitadas por el uso del instrumento claudicante de la extradición a Estados Unidos de grandes capos o de significativos traquetos. Como las leyes vigentes obligan a que toda extradición lleve la firma del ministro de Justicia y del presidente de la república, los perjudicados revientan el hilo de la venganza por la parte más delgada, aunque en todas esas extradiciones hayan también tenido que ver la Fiscalía o la Corte Suprema.
Por estos días se ha sabido que al ministro de Justicia del gobierno de Iván Duque, al exmagistrado y profesor universitario Wilson Ruiz, lo han declarado en altísimo riesgo las autoridades policiales colombianas luego de una rigurosa investigación.
Como tal el exministro, que firmó la extradición de más de 400 compatriotas, ha dado unas declaraciones a Semana en donde se le advierte la angustia y la incapacidad para resistir el embudo físico y emocional donde ha quedado aprisionado.
Desde hace rato tiene protección estatal y fue por ella que se repelió un ataque sicarial en el barrio San Antonio en Cali del que apenas vinimos a saber ayer oyéndole en la entrevista de Semana.
Pero si ese día los sicarios se acercaron, la venganza capacita otra fecha y otros métodos hasta coptarlo (sic). Empero quienes lo vimos ondear por todos los municipios del Valle las banderas del actual presidente electo y ser candidato al senado por Salvación Nacional, se nos cae por su peso que el presidente electo debe nombrarlo embajador para ponerlo a salvo.
Pero como de ingratitudes y olvidos están repletos los caminos de la política, quizás esa no sea la solución.
¿Será entonces que lo van a dejar matar?
¿ALÓ?
Crónica 1399 de Gardeazábal
https://youtu.be/GYNJrESoaQA
El primer teléfono que tuvieron en mi casa de la orilla del rio en Tuluá era uno de manivela, donde para comunicarse con otro había que contactar primero a Chepita la telefonista. Ella, manualmente, conectaba las clavijas y establecía la llamada.
Cinco años después, cuando ya vivíamos en la casona que mi padre le había alquilado a don Luis Uribe Restrepo cuando se fue con su familia a vivir a Cali, llegaron los teléfonos automáticos.
Era una planta que montaron los de la Philips y que el genio de mi tío Chalo me explicó cómo funcionaba pues a él, que chapuceaba inglés, lo contrataron para que les ayudara a los holandeses.
En 1988, cuando fui elegido por primera vez alcalde, moví cuatro palancas para conseguir traer la planta japonesa digital que el increíble de Eyder Vélez había contratado como gerente de Teletuluá y la tenía varada en el muelle de Yokohama.
En tres meses ya estaban los chinitos poniéndola a funcionar y para nutrir las escuálidas arcas municipales conseguí que Buga comprara los saldos de la planta electromecánica, mientras licitaban una digitalizada como la tulueña.
Es decir que en 40 años en mi pueblo pasaron de las 20 líneas que manejaba Chepita a las 10 mil de Teletuluá.
Otros 40 años después, muy pocos usan los teléfonos fijos. Nadie contesta con el “¿aló?” que nos enseñaron a usar y cada vez se realizan menos conversaciones por los celulares. Ahora todos son mensajes escritos por wasap.
No sé mañana que nos ordenará el algoritmo cuántico que desarrollan aceleradamente para esclavizarnos a la dictadura digital. Espero no sorprenderme pues todos esos cambios los he vivido.
Pasé de la radio al televisor. De allí a la pantalla del celular. Del casette al CD. Del disquette a las memorias. Ahora me tocará, mientras viva, ejercer de abuelo digital para entender, obedecer o rebelarme contra los designios de la IA que nos arrasa en todos los órdenes.
Les contaré entonces, si me dejan.
El Porce, julio 24 del 2026
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