No es racista al que no le gustan otras razas sino el que no aguanta la suya
Por: Luis Barrera
Noventa y nueve de cada cien de los que se dicen no ser racistas se vuelven racistas al ver a su hija o hijo con un novio negro o novia indígena.
A pesar de que Colombia cuenta con un marco constitucional apropiado para lograr la igualdad racial, y que se ha avanzado algo en las reinvidicaciones étnicas y sociales, lo cierto es que persisten formas estructurales agudas de invisibilización y de discriminación de las poblaciones afros y aborígenes.
La discriminación racial es una realidad inocultable en este país, pero existe también ¡quien lo fuera a creer!, la auto discriminación y la negación de la raza en donde el negro no se siente negro ni el indio mucho menos indio.
El llamado mito de mestizaje no es tal: el mestizaje es una realidad sociológica también incuestionable. En su mayoría, los colombianos se consideran mestizos.
Que la población colombiana se perciba a si misma mestiza no implica que las distinciones y la discriminación por raza no existan. No me parece casualidad que las expresiones «indio» y «negro» se usen en muchos contextos despectivamente, ni que perviva de la herencia colonial el afán de «blanquear la sangre» en diversos estamentos de la sociedad.
El racismo no es el odio a otra raza, o que a dichas razas se las consideren inferiores. El racismo no es la violencia gratuita, es el desamor, la displicencia hacia una patria, una cultura, una lengua, unas costumbres, y lo que todo ello conlleva a su pueblo.
A estas alturas de la vida muchos no se han dado cuenta de que la raza es solo una manera de Dios para demostrar su gusto por la variedad.
Un prestigioso cirujano plástico de Cali que estuvo trabajando en sus primeros años como medico en el norte del Cauca, afirma de cómo “todos los seres somos diferentes, pero si nos cortan o nos intervienen quirúrgicamente, sangramos igual.”
Las diferencias económicas en Colombia son una barrera muchísimo más seria de segregación y prevalecen, a la hora de discriminar, sobre otras cosas, como «la raza».
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El índice de desarrollo humano de los pueblos negros e indígenas evidencia grandes rezagos frente a los promedios del país; por ejemplo, en coberturas de acueducto, esperanza de vida, vivienda digna y tasas de natalidad y mortalidad infantil.
Las razas no nos separan, nos separa la clase social. No importa si eres negro o blanco lo que importa es lo de adentro del corazón. Porque si bien son ciertas nuestras pieles serán diferentes pero nuestros corazones son iguales. Sin embargo, no es racista al que no le gustan otras razas sino el que no aguanta la suya.
En Colombia existen otras situaciones de pobreza, desplazamiento y exclusión. Pero la realidad de las comunidades afrodescendientes es la más alarmante, pues las comunidades indígenas por su nivel de organización y sentido de pertenencia han realizado importantes conquistas.
El existente racismo puede explicar el incumplimiento de las leyes, de los compromisos pactados, la utilización de medidas tímidas contra la discriminación y la actitud indolente de la sociedad ante la tragedia de olvido y marginamiento que viven hoy algunas comunidades negras como Puerto Tejada, Guachené, Villarrica, Suárez, Buenos Aires, El Patía, Timbiquí, López de Micay y Guapi, tan solo en el Cauca
Hace falta una voluntad más política fuerte, que más allá de los proyectos de ley y las oportunistas declaraciones de los altos funcionarios, se comprometa a reconocer y combatir desde distintos frentes las arraigadas prácticas de discriminación racial en nuestra nación, pues la discriminación racial es como juzgar un libro por el color de sus hojas.
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