NI "ALBANIZACION", NI "HABANIZACION"
JOSE LOPEZ HURTADO*
Es bien conocido el temperamento de agitador profesional del Presidente de Ecuador, que fue precisamente el que utilizó cuando amenazó con la no asistencia de los países miembros del ALBA, a la próxima Cumbre de las Américas a realizarse en Cartagena, si no se invitaba a Cuba.
Y alcanzó, como probablemente lo calculó, a colocar en una posición demasiado incómoda a Colombia, anfitrión del evento, en el liso tablero de ajedrez de la política regional, demasiado sensible por estos días a cualquier movimiento.
El señor Correa quiso revivir, con saña, un viejo problema de la Guerra Fría, que tiene antecedentes de más de medio siglo, y en forma irracional pretendió que el Presidente Santos lo resolviera.
Además, en un escenario que no es el adecuado, porque el régimen de la dictadura cubana no se va a lavar, ni va a dejar de existir por su asistencia a la Cumbre, mientras no exista un radical cambio de las condiciones que permita el regreso a la democracia, requisito indispensable para ser acogida en la OEA, y por ende para participar en igualdad de condiciones en esta clase de eventos.
Todas estas reuniones hemisféricas han hecho énfasis especial en que los países participantes deben tener un gobierno democrático: se enfatizó, vrg. en 2001, en el Plan de Acción de la Cumbre de las Américas en Quebec, cuando además de detenerse en ejes fundamentales como los Derechos Humanos de la Mujer, de los Niños y Adolescentes, de la Libertad de Expresión y Opinión, mediante el apoyo sistemático a la creación y vigencia de un Relator especial de la C.I.D.H., que precisamente Correa con el apoyo de Chávez, hace pocos días trató de desmantelar, se enfatizó decíamos, en que la regla de oro de los encuentros de América Latina y el Caribe, sería el de «fortalecer la democracia», de sus países miembros.
Así que la asistencia de Cuba, con alfombra roja incluida, por lo menos en principio, si se quiere, de manera alguna era relevante, como pareció entenderlo el propio señor Castro.
Estas sutilezas, además, tienen sin cuidado al desprevenido observador y al ciudadano del común.
Por supuesto que se desea que exista un cambio en las condiciones políticas y económicas del pueblo de la Isla, condenado al ostracismo desde hace décadas y su necesaria integración al sistema continental. Que Estados Unidos entienda también que las condiciones de su «patio trasero» han cambiado, pero que su percepción sigue congelada en el tiempo, sobre las nuevas condiciones que se respiran en nuestro Continente.
En definitiva, el Presidente Santos -como algunos de sus enemigos lo sostienen- en manera alguna le ha «hecho el favor” a Estados Unidos. Antes por el contrario, con su visita a Cuba, lo que provocó, en última instancia, fue agotar el mejor recurso de la diplomacia al afrontar en forma personal y directa el problema, y lo más destacable, eventualmente, y todo depende de su decisión, colocar contra la pared a Correa, con el riesgo de que quede políticamente aislado en los momentos previos a la celebración del encuentro continental, del que todos esperamos menos retórica y más propósitos definidos para el Hemisferio y para el necesario bienestar de sus gentes.
*Analista Internacional, colombiano.
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