“Nariño está de moda y está listo para recibir a Colombia y al mundo”. Con esta afirmación, Claudia Patricia Erazo, directora Administrativa de Turismo de Nariño, destaca la estrategia que hoy posiciona al departamento como un destino de turismo religioso, cultural y natural durante los 365 días del año.
La propuesta, denominada “Nariño, tierra de fe y espiritualidad”, no es solo un eslogan. Es una estrategia articuladora que integra a diócesis, cámaras de comercio, empresarios del sector hotelero, gastronómico y de servicios, con el propósito de dinamizar toda la cadena de valor del turismo.
Una estrategia que une fe, empresa y territorio
El departamento ha decidido apostarle a un turismo innovador que va más allá de la temporada de Semana Santa. La iniciativa vincula a las diócesis de Pasto, Ipiales y Tumaco, así como a las cámaras de comercio de estos territorios, generando una agenda permanente que fortalece la economía regional y consolida la identidad cultural.
La meta es clara: que Nariño no sea un destino de temporada, sino una experiencia continua. Gastronomía, cultura, paisajes, avistamiento de aves y ballenas, además de celebraciones religiosas y patrimoniales, hacen parte de una oferta integral diseñada para atraer turistas nacionales e internacionales.
Cuatro circuitos turísticos con identidad propia
En alianza con empresarios locales, se han creado cuatro circuitos turísticos estructurados a partir de hitos históricos y narrativas territoriales. Esta estrategia permite recorrer el departamento desde sus distintos puntos cardinales, resaltando su diversidad cultural y espiritual.
Pasto, capital teológica de Colombia
Con 181 parroquias, iglesias y basílicas, Pasto es considerada la capital teológica del país. Su riqueza religiosa la convierte en epicentro del turismo de fe, especialmente durante la Semana Mayor, pero también durante todo el calendario litúrgico.
A ello se suma la cercanía con uno de los íconos naturales y espirituales más importantes del país:
Santuario de Las Lajas
Ubicado en Ipiales, este santuario es reconocido como una de las siete maravillas de Colombia. Su arquitectura neogótica y su ubicación sobre el cañón del río Guáitara lo convierten en un destino de peregrinación y contemplación. A su alrededor, múltiples pueblos ofrecen experiencias de turismo rural y cultural, impulsando el llamado “puebleo” como tendencia de viaje.
Tumaco y el milagro eucarístico
Hace 120 años, Tumaco fue escenario del único milagro eucarístico reconocido oficialmente en Colombia, un hecho histórico que fortalece el turismo religioso en la costa pacífica nariñense y amplía la narrativa espiritual del departamento.
Conectividad: clave para la competitividad
Uno de los grandes retos históricos de Nariño ha sido la conectividad. Sin embargo, hoy el panorama es distinto. Tradicionalmente se hablaba únicamente del aeropuerto Antonio Nariño de Chachagüí, pero actualmente el departamento cuenta con más alternativas.
El aeropuerto San Luis en Ipiales fortalece la conexión en el sur del departamento, mientras que el aeropuerto La Florida mejora la accesibilidad a la costa pacífica. Además, se proyecta la habilitación de cuatro aeródromos adicionales que permitirán dinamizar aún más el turismo, especialmente hacia la región pacífica.
Esta ampliación en infraestructura aérea envía un mensaje contundente: Nariño es competitivo y está preparado para recibir más visitantes.
Turismo y paz territorial
Un elemento clave en la narrativa actual del departamento es el proceso de paz territorial que se viene consolidando. Para Dorado, este avance genera confianza y tranquilidad, condiciones fundamentales para que los turistas vivan una experiencia auténtica y segura.
La propuesta turística no se limita a lo religioso. Se trata de una experiencia integral que combina espiritualidad, naturaleza, gastronomía y cultura, acompañada por empresarios capacitados y comprometidos con la excelencia en el servicio.
Nariño, destino 365 días al año
La apuesta es clara: romper la estacionalidad. Nariño quiere posicionarse como un destino activo los 365 días del año, con una agenda que permita vivir:
Experiencias religiosas y de sanidad espiritual.
Rutas gastronómicas con identidad andina y pacífica.
Avistamiento de aves y ballenas en la costa.
Turismo cultural y patrimonial en pueblos intermedios.
Naturaleza y paisajes únicos en cada subregión.
Esta diversificación fortalece la economía local, promueve el empleo y proyecta al departamento como un territorio resiliente y transformador.
Una invitación al país y al mundo
“Nariño está de moda”, insiste Claudia Patricia Erazo. Pero más allá de la frase, el mensaje es una invitación directa a redescubrir un territorio que combina historia, fe y biodiversidad.
En un contexto donde el turismo busca experiencias auténticas, sostenibles y con propósito, Nariño se posiciona como un destino que ofrece mucho más que paisajes: ofrece vivencias espirituales, reconciliación territorial y una comunidad empresarial preparada para brindar un servicio de calidad.
El llamado es claro: visitar Nariño no es solo hacer turismo, es vivir una experiencia transformadora.
Nariño, tierra de fe y espiritualidad, te está esperando.
Carlos Villamil
Comunicador Social- Periodista
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