Muchos jóvenes viven como prisioneros en sus propios barrios


- Una investigación de la Universidad del Rosario revela cómo 34 pandillas, fronteras invisibles y venganzas heredadas mantienen sitiado a Puerto Tejada.
- En 41 barrios del municipio, muchos jóvenes viven presos de límites que no aparecen en los mapas, pero deciden quién pasa, quién huye y quién muere.
- Cambiar armas por herramientas suena sencillo; sostener esa promesa exige Estado, empresa, escuela, familia y comunidad.
En Puerto Tejada, a 30 minutos de Cali, los vecinos miden la vida por cuadras. Cumplir 26 años representa una hazaña para los jóvenes de este municipio de 45.000 habitantes en el norte del Cauca, donde el 79 por ciento de la población vive en pobreza o pobreza extrema. La violencia camina entre las calles del pueblo y marca el ritmo cotidiano de sus barrios.
El año 2025 dejó la tasa de homicidios más alta registrada en la historia del municipio, 170,9 por cada 100.000 habitantes, cinco veces el promedio nacional, según el cálculo que investigadores de la Universidad del Rosario hicieron con datos de la Policía Nacional. Más de la mitad de las víctimas, el 55 por ciento, tenía menos de 25 años. Detrás de esas cifras aparecen la ruptura del tejido social y la normalización del miedo entre los habitantes.
La guerra que hoy vive Puerto Tejada abandonó las lógicas rurales y las disputas territoriales que marcaron el conflicto armado colombiano en otras regiones, y se trasladó a las esquinas, las calles y los barrios fragmentados por pandillas juveniles conocidas en el territorio como galladas. El Bloque Calima de las AUC y las disidencias de Dagoberto Ramos dejaron circulando las armas que hoy heredaron esos grupos, convertidos en un mosaico de fronteras invisibles que dividen barrios enteros y condicionan la vida de cada familia.

Esa transformación del conflicto es el hallazgo central de una investigación que adelantan desde 2023 Karen Nathalia Cerón Steevens, de la Escuela de Estudios Sociales, Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario, y Cristian Javier Linares Gómez, politólogo y analista de datos egresado de la misma escuela. El estudio arrancó con el proyecto Pandillas y reconfiguraciones territoriales en Puerto Tejada, Cauca, financiado por el Instituto Colombo Alemán para la Paz, avanzó en 2024 hacia el diseño de estrategias de prevención con apoyo del Instituto Catalán para la Paz, y desde finales de 2025 construye, con respaldo del Gobierno suizo, indicadores comunitarios de violencia juvenil dentro del proyecto internacional Juvenicidio, dedicado a medir la violencia letal contra los jóvenes en distintos países.
La investigación identificó 34 pandillas activas en 41 de los barrios del municipio. Algunos sectores albergan hasta cinco estructuras distintas, y varias apenas logran controlar una cuadra. Cerón, quien adelanta estudios doctorales en Sociología en la Universidad de Barcelona y lidera el estudio, resume la tragedia territorial con una frase directa: “estas fronteras invisibles son imaginarias, pero letales. Cruzar una calle puede significar la muerte, muchos jóvenes viven como prisioneros en sus propios barrios”.
Las pandillas llevan entre 35 y 40 años operando en Puerto Tejada, y la investigación documentó un relevo generacional que mantiene en alerta a autoridades y organizaciones sociales: estructuras integradas por niños desde los 11 años. El ingreso a una gallada ocurre de forma gradual e informal, distinta de los rituales de iniciación que exigen estructuras como las Maras centroamericanas. Empieza con el parche en una esquina, sigue con el consumo de sustancias en algunos casos, y se consolida cuando el joven toma un arma y decide calentarse. A partir de ese momento, según los investigadores, no hay marcha atrás.
Los pandilleros más jóvenes suman una dimensión digital a la violencia territorial. Reportes de Noticias Uno documentaron el uso de redes sociales para protagonizar retos que consisten en cruzar en vivo, frente a una cámara, una frontera invisible entre barrios rivales, una práctica que traslada el riesgo mortal del territorio físico a la exhibición pública en internet.
El testimonio de Pepe, un adolescente de 13 años entrevistado por los investigadores, ilustra la lógica que empuja a un menor hacia una gallada: “yo quiero entrar en ese medio porque a mí me han amenazado, me han sacado armas y uno se cansa de esa vida, ante todo, protección. Que me pasen mi arma”. Sus palabras resumen lo que los investigadores documentaron en decenas de diálogos y talleres: la búsqueda de protección frente a amenazas, el deseo de vengar la muerte de un familiar, el reconocimiento dentro del mundo ilegal y la falta de oportunidades empujan a los adolescentes hacia la única estructura que les ofrece pertenencia inmediata.
Linares atribuye ese fenómeno a condiciones estructurales que anteceden cualquier decisión individual. “No son jóvenes aislados de la comunidad. Pertenecen a familias desestructuradas, enfrentan altos niveles de deserción escolar y hacen parte de un tejido social profundamente fracturado”, explica el investigador, quien agrega que los diálogos con jóvenes, líderes sociales y funcionarios municipales señalan la hiperfragmentación territorial como el mayor obstáculo para cualquier intervención.

La Alcaldía Municipal calcula que entre 800 y 900 jóvenes participan directamente en la confrontación entre pandillas, una cifra que las limitaciones presupuestales y administrativas del municipio apenas alcanzan a contener. El programa Puerto Tejada sin Fronteras, valorado en más de 1.000 millones de pesos, enfrenta las mismas restricciones que atraviesan la mayoría de las iniciativas de seguridad ciudadana en municipios pequeños del país.
Frente a ese panorama, la Universidad del Rosario y la Alcaldía articularon el proyecto Co-creando Futuros, construido sobre la metodología del Design Thinking, que parte del diagnóstico colectivo de líderes sociales, familias, jóvenes y funcionarios para diseñar soluciones desde el propio territorio. De esos diálogos surgieron propuestas concretas: talleres de mecánica, carpintería, ebanistería y cría de animales, varias de ellas ya respaldadas por la empresa privada y la administración municipal. El programa CampeSENA certificó a jóvenes que antes portaban armas y hoy tecnifican la cría de cerdos o el oficio de la ebanistería. “La idea es cambiar las armas por herramientas”, resume Cerón, quien participa en la mesa de articulación de actores sociales que lidera la Alcaldía y mantiene diálogo permanente con la administración municipal.
La sostenibilidad de estas iniciativas depende de condiciones de seguridad que el territorio no siempre garantiza. Linares recuerda que el asesinato de un líder social bastó para provocar el retiro de otro colaborador del proceso, un episodio que expone la fragilidad de cualquier intervención en medio de la confrontación activa entre pandillas.
El proyecto atraviesa hoy su tercera fase, centrada en construir indicadores comunitarios de violencia juvenil con el respaldo del Gobierno suizo, pensados para orientar la toma de decisiones de las autoridades municipales. El equipo de investigación busca además financiación para una intervención más amplia, capaz de atender a la familia, la escuela y el consumo problemático de sustancias psicoactivas, con el propósito de convertir la experiencia de Puerto Tejada en una caja de herramientas replicable en otros territorios de Colombia y del mundo golpeados por la violencia juvenil.
Puerto Tejada funciona hoy como un laboratorio de paz exigente, donde la esperanza convive con las heridas del territorio. Los jóvenes que crecieron entre fronteras invisibles piden una oportunidad y reclaman un lugar como protagonistas de su propia transformación. En esa disputa cotidiana entre el miedo heredado y las herramientas que ofrecen los talleres, la escuela y el trabajo, se juega la posibilidad de una paz duradera para el norte del Cauca.
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NOTAS EDITORIALES:
- Utilizamos imágenes ilustrativas generadas con inteligencia artificial, a partir de referencias visuales suministradas para uso editorial. No corresponden a fotografías documentales de los hechos relatados.
- Esta crónica se construyó a partir de la investigación “Violencias heredadas y fronteras invisibles: Puerto Tejada, un territorio sitiado por pandillas juveniles”, de Karen Nathalia Cerón Steevens y Cristian Javier Linares Gómez, de la Universidad del Rosario, con aportes comunitarios e institucionales en Puerto Tejada, publicada en la revista Divulgación Científica por Ximena Serrano Gil, y contrastada con las coberturas de Noticias Uno / Noticias Caracol y de CAMBIO Colombia, firmada por Javier Patiño C. Las cifras adicionales corresponden a la Alcaldía Municipal de Puerto Tejada y a la Policía Nacional.
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