Presentación a los ensayos “Deadlock: teoría de juegos para leer la transición presidencial” (con Inge Valencia) y “La gente que viene del mar y la transición del poder presidencial”, que se publican íntegros como anexos.
Carlos Duarte, antropólogo y director del Instituto de Estudios Interculturales de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, entrega a Proclama del Pacífico dos textos que forman una sola investigación en curso sobre la transición del poder presidencial en Colombia. El primero, escrito junto con la antropóloga Inge Valencia, profesora titular de la Universidad Icesi y directora de su Escuela de Derecho, Gobierno y Globalización, lleva por título Deadlock: teoría de juegos para leer la transición presidencial. El segundo, La gente que viene del mar y la transición del poder presidencial, firmado en solitario por Duarte, retoma y profundiza esa lectura semanas después. Publicamos ambos documentos completos en los anexos, y ofrecemos aquí una presentación que sitúa su alcance y motiva su lectura íntegra.
Los autores parten de una pregunta que domina la conversación pública desde el 21 de junio de 2026, cuando Abelardo de la Espriella prometió en su discurso de victoria que “no habrá vencedores ni vencidos”. Diecisiete días bastaron para que esa promesa se desmoronara. Duarte y Valencia responden sin acudir a la psicología de los protagonistas ni a juicios morales sobre su carácter. Recurren a la teoría de juegos, la herramienta que Merrill Flood y Melvin Dresher formularon en plena Guerra Fría para explicar por qué dos actores racionales pueden preferir la confrontación mutua aun sabiendo que la cooperación les conviene más a ambos.
Los autores bautizan la estructura exacta detrás de la pelea entre Gustavo Petro y Abelardo de la Espriella: un punto muerto o Deadlock, la variante de la teoría de juegos en la que ambos jugadores prefieren la traición mutua a la cooperación, porque la confrontación rinde dentro de sus propias coaliciones internas. La lectura más difundida en los primeros días tras la segunda vuelta, la del clásico dilema del prisionero, suponía una cooperación deseada por los dos bandos y frustrada apenas por la desconfianza. El Deadlock retira esa esperanza: aquí nadie está atrapado, los dos jugadores consiguen exactamente lo que prefieren, y a esa dependencia mutua entre adversarios los autores la llaman colusión antagónica, la defección de cada bando funciona como coartada perfecta del otro.
El ensayo ancla ese diagnóstico en hechos verificables y fechados: el Bloque de Defensa para la Seguridad Urbana que De la Espriella anunció el 5 de julio, y la Red Nacional de Defensa de la Reforma Agraria que Iván Cepeda fundó seis días después en Sincelejo, dos estructuras nacidas en la misma semana, bautizadas con la misma palabra, diseñadas ambas para durar mucho más que la posesión presidencial. Duarte y Valencia proyectan cuatro escenarios posibles para el cuatrienio que empieza, entre ellos la defección contenida y la colusión antagónica institucionalizada, y proponen tres operaciones concretas para alterar los incentivos del juego: alargar la sombra del futuro, encarecer la defección y abaratar la cooperación. El texto ofrece, en ese último tramo, algo poco frecuente en el análisis de coyuntura: un diagnóstico que se traduce en instrumentos de política pública, derivados con rigor de la misma matriz que explica el problema.
La instalación del Congreso el 20 de julio confirmó el diagnóstico y lo desbordó. Duarte retoma la investigación en solitario en La gente que viene del mar y la transición del poder presidencial, y encuentra en el estreno cinematográfico de La Odisea de Christopher Nolan una figura literaria capaz de nombrar lo que las matrices de la primera entrega no alcanzaban a capturar por completo: un tercer jugador. Con diecisiete senadores frente a los veintiséis del Pacto Histórico, el Centro Democrático de Álvaro Uribe eligió al presidente del Senado y demostró que, en un tablero sin mayorías, el bloque bisagra pesa más que el bloque grande atado a una sola orilla. El texto documenta el voto público de Iván Cepeda por el senador uribista Honorio Henríquez, la coalición que nadie firmó pero que ambos bandos ejecutaron, y proyecta esa misma dinámica hacia la elección del nuevo Contralor General, convocada para el 12 de agosto.
La referencia a los llamados Pueblos del Mar, la amenaza sin rostro que en la película termina siendo interna a quienes la denuncian, le permite a Duarte formular desde otro ángulo la pregunta que atraviesa las dos entregas: si la amenaza que cada bando señala en el otro es, en realidad, la suma de las defensas que ambos levantan. El recurso literario refuerza el rigor conceptual, y ese equilibrio entre precisión analítica y oficio narrativo distingue a esta serie del análisis político convencional.
Los dos textos se leen mejor como una sola investigación en dos tiempos, escrita al calor de una transición presidencial que Colombia atraviesa sin manual. Ponemos a disposición de nuestros lectores los documentos completos en los anexos que acompañan esta presentación, con crédito íntegro para sus autores, Carlos Duarte, del Instituto de Estudios Interculturales de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, e Inge Valencia, de la Universidad Icesi. La lectura completa vale la pena, sobre todo, para quien todavía quiera entender el 12 de agosto antes de que ocurra.
Anexos: “Deadlock: teoría de juegos para leer la transición presidencial”, por Carlos Duarte e Inge Valencia, Instituto de Estudios Interculturales, Pontificia Universidad Javeriana Cali, julio de 2026. “La gente que viene del mar y la transición del poder presidencial”, por Carlos Duarte, Instituto de Estudios Interculturales, Pontificia Universidad Javeriana Cali, agosto de 2026.
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