Moral pública, momificación y decencia política


El Cauca necesita una manera decente y más equitativa de inversión pública, sentir que se está construyendo una sociedad sin profundizar sus abismos sociales, que el disenso es cultura democrática, que la gobernabilidad no es un problema de mantener y perpetuar clientelas y que los mandatarios no pueden ser instrumentos de pasiones sectarias.
¿Por qué la histórica región caucana en cada elección se convierte en laboratorio político para forjar gobernantes y congresistas con el tesoro público, haciendo de la política pequeñas élites que controlan de manera lujuriosa el poder?
¿Qué es lo que justifica que un congresista permanezca veinte, treinta o cuarenta años en un escaño parlamentario como si fuera un personaje imprescindible en los estrados de la democracia?
Serían dos las alternativas para evitar que el ejercicio de la política se ejerza como una carrera profesional; una, que mediante un referéndum el pueblo decida si los parlamentarios pueden ser elegidos por más de dos periodos electorales.
La otra iniciativa consistiría en continuar como vamos, pero ordenando al Estado, mediante una Ley de la República, que si el parlamentario, o gran burócrata, fallece mientras ejerza funciones vitalicias se proceda a momificar su cuerpo y se ordene depositarlo en un mausoleo regional o nacional como ejemplo de tozudez y veteranía patriótica. ¿Quién le pondría el cascabel al gato?
Las ventajas estarían a la vista, tendríamos embalsamadores, pintores, escultores, poetas, escritores, editores, plañideras y artistas empleados, pero, especialmente, lugares de asombro turístico que contribuirían a reducir la pobreza estructural del país, el Cauca y Popayán.
Ante la ausencia de desarrollo industrial el embalsamiento de congresistas, gobernadores, alcaldes, concejales, diputados, curadores, notarios y otras personalidades, cuyos profesiones se me escapan, y a quienes presento las excusas de rigor, tendríamos que la urbe de Don Sebastián de Belalcázar, disputada con mejores argumentos históricos por El Cacique Pubén, se convertiría en centro de producción de cera de abejas, resinas, aceites vegetales, vendas, sudarios y sarcófagos, utilizados en los ritos balsámicos.
Construir una pirámide faraónica destinada al imponente y solemne recordatorio de la clase dirigente no constituiría dificultad en Popayán y la ciudad se ahorraría las billonarias regalías que dispone para su desarrollo, si el Honorable Concejo de Popayán autoriza, con el natural salvamento de voto de algunos ediles, que el Cerro de Tulcán sea utilizado, a la manera de a Gran Pirámide egipcia de Keops, para la eterna conservación de la clase dirigente.
No faltaría, además, con la imaginación desbordada de los payaneses, que estudiantes de la facultad de Medicina de la Universidad del Cauca obtuvieran permiso para extraer el cerebro de los parlamentarios, burócratas y gobernantes longevos fallecidos, incluimos a periodistas para democratizar la propuesta, y estudiar mediante disciplinas neurocientíficas las posibles causas que han privado a la clase dirigente regional de voluntad política para comprometerse con la erradicación de la pobreza.
Quizá entre las teorías se pueda revelar que si el poder se detenta como instrumento puramente electoral, utensilio burocrático, aparato lucrativo, artefacto rentable, dispositivo nepótico, rentabilidad mediática, maquinaria para golpear al adversario o inflar la egolatría, el conocimiento se convierte en un recurso irracional propio de las miserias del espíritu.
Tanta es la frustración social que la gente se pregunta por qué la política se mueve en la sociedad del espectáculo, es cada vez más inclinada al mal gusto, por qué prospera en ella la comedia bufa, la falsificación de la honradez, el imperio de la mediocridad y la mentira, las palabritas de cajón y la tendencia por lo secundario.
Y es evidente que si la política se trueca en un casino y distribución de pequeñas, medianas y grandes canonjías para mantener o conseguir servidumbres, prosperan los clubes de amigos y las lealtades dependen de las fichas y las colas para cobrar prebendas.
De simulacro en simulacro continuamos haciendo elecciones; cuántos hemos caído en la trampa, cuántos hemos creído en la partidocracia o hemos sido víctimas de la astucia política y la inoperancia administrativa.
Darle un vuelco a la forma de hacer política en el Cauca debe romper con los paradigmas que terminaron convirtiendo la participación electoral en trampas estratégicas para alcanzar, mantener o perpetuar el poder, al amparo de habilidades para embaucar la conciencia de los ciudadanos.
Tiempos para abrir los ojos, para observar quién tiene o no pulcritud política en el ejercicio de la administración pública, porque todo ha sido vergonzoso engaño a través de la prédica insincera de los postulados de la democracia.
Entre momificar, como en el imperio del antiguo Egipto y rendir culto a modelos políticos superados hace 500 años, con Casas de la Contratación, Reales Audiencias y Virreinatos gubernamentales, para beneplácito de los Reyes Católicos, nos queda la opción de escoger un gobernante cuya ética política y su transparencia moral garanticen que el Departamento no será un nuevo escenario de glotonería electoral. Hasta pronto.



