EL ALMA DE UN REGISTRADOR


Pocos en la historia nos detenemos a contemplar la vida y el trabajo de un registrador municipal, quien es prácticamente ignorado y es visible solamente en época electoral, pero para que algunos dirigentes políticos lo maltraten, lo calumnien, porque jamás en un una contienda electoral hay perdedores y ganadores como es lo normal dentro de este juego democrático. Es más fácil decir: «El registrador se robó la elección».
El registrador municipal es el contacto primario y único del ciudadano con el Estado colombiano. El alma de un registrador está abierta, alegre, para tomarle por primera vez la huella de los pies para el registro civil de nacimiento dándole una vida jurídica al ser; después le toma la huella del índice para su tarjeta de identidad, enseñándole lo noble y bello que es ser colombiano, posteriormente le da al ciudadano la bienvenida a la mayoría de edad, entregándole su cédula de ciudadanía. El registrador es la puerta de entrada entre el ciudadano y el Estado colombiano.
Es el único funcionario que recibe los dolientes cuando van a inscribir un registro de defunción, y les desea éxito a los matrimonios cuando van a registrar su unión. Su alma está permanente y sin descanso vigilando la democracia en Colombia.
Las funciones y oficios de un registrador municipal son múltiples. Pero en esta época preelectoral, aumenta su ritmo de trabajo, hay días como el de las elecciones, cuando se trabaja hasta 20 horas seguidas.
Los registradores son trasladados a pueblos lejanos de su hogar, con un rosario de necesidades, mendicaciones a los alcaldes para poder cumplir sus funciones, incomodidades. Y lo que es peor, es la incomprensión del pueblo. A medida que se acercan las elecciones, los registradores municipales sienten casi el rechazo de la comunidad, porque, según algunos, están matriculados con un candidato, ignorando que es una obligación del registrador llevarse bien con todos los aspirantes a alcaldías y concejos municipales.
La soledad y la tristeza, incomprensión, es lo que queda en el alma de un registrador después de unas elecciones. Muchas veces hasta el resentimiento, las huellas de los insultos de ciertos políticos e incluso de la ciudadanía; algunas veces los maltratos físicos, no solo a ellos sino a la Registraduría, como el caso que ocurrió en Toluviejo y Coveñas, donde quemaron y destrozaron sus muebles.
Pasados los escrutinios, el alma del registrador, herida, vuelve a levantarse para continuar como un sacerdote con su vocación; nuevamente, con su alma alegre, descomplicada y trabajadora, a realizar registro civil, expedir cédulas de ciudadanía, registro de matrimonio y vuelve a ser ignorado por el resto de los mortales hasta las próximas elecciones.
Suerte y éxitos a todos los registradores de Colombia.
DELEGACION DEPARTAMENTAL DEL CAUCA




