La luna era una centella de luciérnaga; un día demasiado frío se escapó al cielo, quería acercarse al sol para huir del frío. Por qué existía el sol, no lo sabía; pero en el camino tropezó con el vacío, e inevitablemente llegó hasta el sol, quien al verla le dijo: “Tú serás mi luna, mi compañera para recorrer el cielo; nunca me alcanzarás en mi carrera, pongo eterna barrera entre los dos”. La luna no pudo más que obedecer, y cerró los ojos. De esta oscuridad nació la noche.
2. EL SOL
Una vez nació la luna, el sol le contó su verdadera historia. No había absolutamente nada en un comienzo, pero entonces el vacío se aburrió. Pensó que hacía falta algo, al menos algo que se pudiera ver, y entonces, en lo íntimo destelló una luz. Poco a poco creció esta luz, y sintió su calor; al menos sintió que algo venía a existir, pero no sabía qué era; sólo sentía ese calor, que de allí en adelante fue el deseo de ser. “No sé qué soy, pero estoy completamente solo, y por eso me autollamaré Sol. Sí, estoy satisfecho con este nombre; vivo solo y soy caliente, mi escupa hierve”. Y entonces escupió, y de su saliva se formó el agua en forma de lago. Y he aquí, vio su propio destello luminoso reflejado en ese lago, y comprendió que eso era ver su propia imagen, y así fue que nació la vista; y por eso el Sol es como un ojo en medio del espacio, y de allí surgió el deseo de ver más cosas, y así se fue poblando el universo mundo con cada una de los entes que existen en lo incontable de sus dimensiones.
3. LOS PECES
El agua por supuesto no era quieta, se movía con vaivén infinito, las olas; y entonces el sol vio su destello reflejado en esas olas; infinitos destellos brillantes iban y venían por las inmensas aguas, y de allí se formaron los peces que poblaron las aguas. Por eso el cuerpo de los peces es brillante y tornasol, porque el Sol se tornó en ellos cuerpo vibrante bajo las aguas.
4. EL PENSAMIENTO
Y entonces el Sol se dio cuenta de que pensaba; se dio cuenta de que él existía muy pleno y radiante de luz, se dio cuenta de la luna y la noche, se dio cuenta del agua y de los peces. Y este darse cuenta fue el primer pensamiento, un destello de su esencia luminosa, y comprendió que sin este darse cuenta no existía nada, no existiría nada; y por lo tanto este darse cuenta es la existencia, y la existencia es el Ser; ser de sí mismo cuando se vio a sí mismo; ser de lo demás cuando comenzó a ver lo demás. Y estos fueron los primeros pensamientos, y estos pensamientos fueron su propia mente, y de ahí surgieron los demás pensamientos, desde el primero hasta el último que no tiene último, y entonces el Sol se comprendió a sí mismo, se conoció a sí mismo, conoció su Ser y la Existencia. Y vio que conocer es Ser, y que Ser es Conocer, y así obtuvo una satisfacción luminosa, y ella fue la esencia de la felicidad, la felicidad que comenzó a existir por siempre jamás.