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Lunes, 5 de octubre de 2026
viernes 18 noviembre, 2016 a las 7:18 am

MI SANTANDER DE QUILICHAO DE ANTES

alvaro-mendoza

CREPITACIONES 2015

El plácido ambiente que se sintió en nuestro Santander de Quilichao, con motivo del día sin carro, sin motos y sin ruido el jueves 17 de noviembre de 2016, al instante me hizo recordar ese primer día y esa primera tarde de agosto de 1970, hace ya 46 años, cuando llegué por primera vez a tan idílico pueblo (en ese tiempo) y se sentía esa paz y esa tranquilidad que hoy estamos disfrutando, aunque sea por un día, cada año. Por este motivo, escribí una crónica titulada: “Cinco añoranzas de un quilichagüeño encantado en 46 años” (las cuales muestran aquel Santander de antes), que apareció en el libro: “Historia y Cotidianidad, Santander de Quilichao”, que compartimos con 9 escritores quilichagüeños, presentado el pasado sábado 12 de noviembre/16, del cual haré una reseña posterior.

Quiero compartir con ustedes la introducción a esa crónica, pues rescata ese Santander de Quilichao de antes (tan bueno que era) y que hoy lo vivimos, aunque sea por un día, en un año.

Esa primera tarde de agosto de 1970, hace ya 46 años (¡cómo pasa tan rápido su majestad el tiempo!), cuando pisé por primera vez el suelo quilichagüeño por primera vez en mi vida, quedé sorprendido y encantado por la forma amable y agradable de ser de sus habitantes, junto al ir y venir de los vendedores de pandebono, afros en su mayoría, quienes con un sonrisa cálida en sus rostros festivos y su peculiar estilo de ofrecerlos, mostrando en alto sus canastos llenos, incitándonos con su olor característico, rodearon al instante por todos los flancos posibles el bus largo de “Transportes Puerto Tejada” y apenas descendimos del mismo, nos asediaron y les compramos varias de esas chuspas del provocativo producto.

Mientras degustaba por primera vez esos pandebonos exquisitos y calientitos, experimenté también en mi cuerpo el cambio de clima, sudando de a poquitos, pensando que los culpables de ese sudor eran ellos, los pandebonos, pero después me di cuenta que Santander de Quilichao era de clima caliente, estaba en lo plano como se decía por estar en valle del río Cauca y su latitud era de 1200 mts., sobre el nivel del mar. Con respecto a ese dato, hay que contar también que los 18 años anteriores a este arribo quilichagüeño, los había vivido en clima templado y frío, primeros 16 en Bolívar (Cauca), mi pueblo natal, infancia y primeros estudios y luego en Pasto (Nariño), 2 años, cuando me gradué como Maestro y me nombraron en Quilichao, llegando precisamente esa tarde privilegiada de agosto del 70.

Ese cordial recibimiento tan peculiar, efusivo y pintoresco, fue la carta de presentación de un pueblo (en ese tiempo) y ahora ciudad intermedia, subyugado e hipnotizado de manera muy particular, considerándola como mi segunda patria chica quien me abrió sus calles de par en par, para que allí hiciera mi proyecto de vida y triunfara como hasta ahora ha sucedido.

La anterior fue la presentación a la mencionada crónica quilichagüeña de antaño. Luego aparecen 5 añoranzas, remembranzas y vivencias de aquel Santander de Quilichao que ya se fue, pero quedó retratado en mi memoria para siempre: las tres terminales de transporte, el enigmático y romántico Café “Las Palmas”, disfrutando y caminando por Santander de Quilichao (años 70 y 80), fuente de soda “La tertulia”, génesis y nacimiento de “Proclama”. Tengo más añoranzas para el próximo libro, porque de verdad amo a mi Santander de Quilichao del cual me siento encantado, siendo mi deber rescatar esos recuerdos quilichagüeños y darlos a conocer a las nuevas generaciones, porque los periodistas también somos historiadores, a nuestro modo.   

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