MI FOBIA A LAS FOBIAS


El pasado viernes 15 de mayo, además de ser el “Día de San Billete”, para los afortunados que aún devengan salario quincenal, lo recordaré como el día en que vencí una de mis fobias (fobia: miedo-aversión).
Me dirigía hacia la sede principal del Combo del Ayer, ubicado, cómo no, en el ahora desvencijado y hasta tenebroso Parque de las Palomas Caídas de Santander de Quilichao, practicando, aunque a la fuerza, el deporte extremo de “esquivamiento de hojas de palma y motociclista olímpico”, cuando algo me llamó bastante la atención. En una de las ventanas de la remozada y semifuncional alcaldía, estaba desplegada una bandera con los colores del arco iris, engalanando la restaurada pero aburridora fachada del edificio municipal.
Después del protocolario saludo con algunos de los miembros del Combo, rápidamente me acerqué a la Alcaldía para averiguar el motivo de la presencia de la bandera de ‘la diversidad’ en tan adusto y oficialísimo escenario. Al llegar a la entrada; vi al señor don Mauricio Hurtado, con rostro resplandeciente de orgullo, atendiendo a un grupo de jóvenes comunicadores que departían con él, teniendo como fondo una llamativa pancarta en contra de la HOMOFOBIA (aversión a la comunidad homosexual).
-Y eso Mauricio… ¿de qué se trata el asunto?- pregunté para saciar mi curiosidad. A lo que me respondió sonriente: – Nos tomamos la Alcaldía.-. Un tanto perturbado volví a preguntar:-¿y eso Mauricio?-. Extendiéndome una hoja para recolectar datos y firmas me dijo:-¿Me colaborás con una firma para apoyar una propuesta para acabar con la discriminación en contra de la comunidad L.G.T.B.I.?-. Tomé la hoja; llené lo datos, firmé gustoso y le dije; -¡Bien viejo Mauri! … ¿y qué dicen?-, señalando con mi boca hacia el interior del edificio, -nada. – contestó. “Como siempre.” Pensé.
Me acomodaba para seguir curioseando, cuando la peor de mis fobias apareció en boca de Mauricio Hurtado; -¿Te vas a hacer la prueba del V.I.H.?-. Aunque contesté casi que enseguida, un frío recorrió mi espalda de nuca a nalgas y viceversa. -¡Qué susto!- dije aterrado de verdad. –Es por tu salud y además; es gratis, dijo una de las damas que estaba tomando los datos iniciales. Para ser honesto, no sé si fue por saber de la gratuidad de la prueba, mi solidaridad con la comunidad L.G.T.B.I. o un deseo interior de atacar de una vez por todas una de las dos fobias que tengo, la del miedo a las agujas, grandes o pequeñas, lo que me decidió a hacerme la prueba, por el resultado de la misma; la verdad la preocupación era nula, ya que desde hace ya bastante, en serio; bastante tiempo estoy sometido a un no muy voluntario estado de celibato. Como sea que haya sido la cosa, de un momento a otro me encontré llenando los formatos y en un tiempo aún más corto, me sentí caminando al sitio donde se me realizaría la dichosa prueba.
Como el espacio es tan corto y no quiero aburrirlos, nos encontraremos en la próxima, para saber si ¿Al fin pudo más el miedo? ¿Se desmayó? ¿Que decían en la Alcaldía? ¿Arreglarán el problema de energía y el basuro? ¿Consiguió novia o novio?, etcétera.



