

Con profunda tristeza y dolor fraternal recordamos la partida de quien fuera, por adopción, hija de Quilichao: la filósofa y escritora Marielly Valverde Camayo, docente de la Institución Educativa Técnico Ambiental Fernández Guerra. Nuestra compañera, oriunda de la vereda Anto Moreno del municipio de Timbío, Cauca, inició su carrera docente en el año 1989, cuando por necesidad del servicio son nombrados 15 docentes por ‘horas cátedra’ en el entonces colegio nacionalizado que funcionaba donde actualmente es el Centro Administrativo Municipal.
Se distinguió por su capacidad crítica, reflexiva y humanizante en las interacciones sociales. Con este sentido dedicaba tiempo al asombro y al pensamiento porque según ella “esto nos hace más dignos, nos vuelve más dueños del poder (inteligencia), el querer (motivación) y el saber (apertura de nuevas rutas). Como todos los humanos no miramos lo mismo, todos entramos al mundo de la vida por distintas puertas. Por lo tanto, un maestro es un mejor ser humano en cuanto aprende y enseña. Él es compañía, es confiable, enseña a mirar lejos, abre más caminos para el descubrimiento, para la invención» (1).
Fue una maestra que ayudó a dinamizar los procesos pedagógicos por investigación estudiando los problemas ambientales de la región desde la innovación de la jornada de la tarde, tuvo la capacidad de asombro para reconocer la importancia de los cerros tutelares de Santander de Quilichao, los petrogliflos de Mandivá y dedicó tiempo a escudriñar la historia para plasmarla en su artículo publicado en el libro «Memorias para la Memoria» en el año 2014, ya que hacía parte del Centro Municipal de Memoria de esta localidad. Así mismo, hacía parte del Taller-Tertulia «El Bosque de las Heliconias» coordinado por el poeta Fabio Holguín Marriaga, que cotidianamente desarrolla su producción literaria en la casona de la Universidad del Cauca.
Es coautora del libro «Historias de Maestros II» publicado por la Secretaría de Educación y Cultura del Cauca en 1999.
En el año 2000 publicó algunos poemas en el libro «Poesía con Mirada de Mujer» auspiciado por ASOINCA como un reconocimiento al papel de la mujer trabajadora en la transformación social.
Hizo varias publicaciones: «Vamos, Conozcamos la Tierra de Oro ¡Santander de Quilichao!», «Incorporación de la mujer al movimiento obrero en Colombia 1918-1930», «Diario del Maestro: Posibilidades I y II«. Obtuvo el Premio tema Medio Ambiente categoría mayores poesía ecológica en el concurso regional de literatura movimiento ambiental del Cauca Los Guayacanes 2004.
Participó en el II Encuentro Iberoamericano de colectivos de maestros que hacen investigación desde la escuela. Estado Do Grande Do Sul, Brasil 2005.
Fruto de un largo proceso de indagación y reflexión académica en su sueño de repensar el sentido de la escuela en el proyecto de sociedad que queremos, con la humanidad que se necesita, con los ciudadanos felices, con los niños alegres, publica el libro «Otra ruta para el deseo» en el año 2009.
Marielly era una maestra que disfrutaba su profesión, como buena lectora, escritora y filósofa, también pintaba cuadros para su hogar y para engalanar los eventos en que ponía toda su entrega mostrando su creatividad, como era el desarrollo del proyecto que gestó e impulsó «Jóvenes: Territorios Culturales«, espacio de socialización de temas de interés de la juventud que con el apoyo de los profesores lograban investigar, reflexionar y proponer soluciones a problemáticas significativas en el norte del Cauca. Sistematización que se evidenciaba a través de las ponencias y la participación artística cultural en los Encuentros de Estudiantes de Grado Undécimo y la Feria de Universidades.
Además de ejercer la docencia con la comunidad Ferguerrista, estuvo vinculada a la Universidad del Magdalena, Unicomfacauca y Unicauca. Todo su trabajo evidencia la calidad de persona que era, el legado en la formación humana de la juventud quilichagueña, del norte y del Cauca.
Marielly era hija de padres campesinos: Alba María Camayo y Laurentino Valverde, a quien acompaña en su terruño a la sombra de un gran árbol, como era su deseo. De ellos heredó su tenacidad, su valentía, su coraje, compromiso y responsabilidad tanto con su familia como con la sociedad, que soñaba cada vez fuera cambiante y digna para todos los colombianos. Partió con la convicción que cumplió con su deber y su gran sueño, dejó otro gran legado para proyectar el bien a la humanidad, como es su hijo Vladimir Ortega Valverde, próximo médico a quien desde lo más bello del universo acompañará en su graduación en el mes de septiembre en Unilibre y quien siempre la llevará en su corazón.
Maye, como te decía la abuela, dejas un gran legado, un ejemplo de mujer trabajadora, digna y luchadora. Desde el 28 de agosto del 2016 regresaste a tu terruño, que tanto amabas y más allá del sol, más allá de las flores que cultivabas, allá donde Dios te necesita para que irradies con tu luz las emociones y la sabiduría de quienes seguimos este humano trasegar. Bendiciones para su madre, Vladimir, Ruth y Víctor Ovidio, sus hermanos y demás familiares.